Estos, muchas veces, son invisibilizados porque lo popular carece del valor económico que las ambiciones mercantilistas le imprimen.
En nuestro país también ese comportamiento se ha sentido, en especial cuando se trata de lo artístico, que a pesar de su elevado valor humano y creativo, el mercado no lo aprecia.
El 2 de febrero voló hacia otro mundo Zobeyda Jiménez, representante genuina de la resistencia cultural, quien se identificaba como "la muñequera". De origen humilde, pudo sin embargo estudiar para hacerse maestra y mediante ese aprendizaje transmitía a sus alumnos la necesidad de liberarse mediante el juego y el contacto con la naturaleza, con el medio ambiente.
Zobeyda tuvo mil muñecas que nacieron de su corazón y de su mente. "Siente tanto amor por los seres humanos que con ternura humaniza sus muñecas", como lo ha cantado el conocido Alí Primera.
Un día la oímos narrar acerca de su vivencia en un sector de una ciudad que estaban remodelando, donde una ventana a punto de ser destruida le pidió que la salvara. Ella dio vida a los objetos que elaboraba y al hacerlo, se convirtió en una cultivadora de lo popular que hizo énfasis en el amor, para crear arte y cultura, manifestaciones que elevó hasta las personas privadas de libertad o hacia quienes poseían alguna discapacidad física.
Las muñecas fueron símbolo de libertad y tenían vida porque ella se la insuflaba.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no hemos hallado mejor homenaje que recordarla con admiración, porque ella dio todo su esfuerzo por afianzar valores y crear conciencia acerca de la lucha por la emancipación y la igualdad, contra la discriminación, fue símbolo de la cultura de nuestro pueblo y de la resistencia a la injusticia.
Ahora, cuando Zobeyda resolvió volar al infinito, queremos evocar su presencia utilizando frases del mencionado cantante, "alimentando sus ojos con estrellas… elevando un papagayo a medianoche… y despertando a la historia que dormía…".
Abogada y profesora de la UCV