Vivimos en un mundo de conflictos y violencia en razón del ímpetu guerrerista de algunas naciones. Pero los pueblos quieren vivir en un ambiente favorable a la creación de expectativas sin la traba cruel de la guerra. Por eso, la lucha por la paz es bandera que llevan adelante mujeres y hombres de buena voluntad, porque de ella dependerá la pervivencia de la humanidad.
Frente a la desolación, el hambre y la muerte, originados en las dos últimas guerras y ahora en los conflictos actuales, está siempre la esperanza de países que buscan su integración para la convivencia, como está sucediendo actualmente en nuestra América Latina y el Caribe con la creación de la Celac, hecho histórico impactante para la vida de las naciones. Ello nos obliga a conocer nuestros países, su geografía, sus instituciones, porque desde adentro desarrollan programas de acción social para enfrentar traumas padecidos casi siempre por las capas más pobres de la población.
En reciente visita al estado Bolívar, esa región que acuna la profunda extensión de la Guayana hermosa y rica, visitamos un Centro de Rehabilitación Integral denominado Mundo de Sonrisas.
No podemos obviar esta experiencia, porque se trata de un programa social emprendido con firmeza y pasión bajo la vigilancia del Ejecutivo regional a través de la licenciada Nidia Escobar, mujer orgullosa de su obra y empeñada en perfeccionarla. Allí se atiende a niños, niñas y adolescentes con necesidades especiales, para lo cual se cuenta con servicios de terapia ocupacional, lenguaje, fisioterapia e hidroterapia, odontología, psicología y pediatría. Asombra el confort de sus instalaciones, así como la mística de los y las profesionales que atienden estos servicios.
Nuestro país, que ha logrado reducir la pobreza extrema de 25% a 7%, puede utilizar instituciones de prestigio como este Mundo de Sonrisas, para profundizar en ese cometido y atender requerimientos de los sectores más vulnerables: niños, niñas, mujeres, discapacitados e indígenas, como un testimonio de que buscamos caminos para vivir, con salud plena.
Sólo así, nuestros niños, niñas y adolescentes podrán abrazar la brisa y aquellos árboles enormes a donde suelen acudir para dibujar historias y sueños y para atrapar estrellas.
Abog. Prof. UCV