La propuesta de un sistema sociopolítico con acento en lo social, para ser viable, debe ser democrático.
El acento social implica de suyo respeto al libre albedrío así como a la libertad de conciencia, de esos seres humanos que componen una determinada sociedad nacional.
Así también la viabilidad está basada en la sustentabilidad financiera de dicho sistema.
Pasar del rentismo (que hace rato agobia a Venezuela) a una sociedad productiva, implica que todas las fuerzas creadoras de la población se expanden y el Estado facilita las diversas iniciativas particulares de producción.
Por tanto, el valor de lo democrático se extiende a lo económico, ya que un sistema productivo será tal en la medida en que todos los particulares puedan ser incorporados a un gran movimiento nacional de producción y prosperidad sin importar cómo piensen.
Ese es el valor de la Democracia, la suma y cohesión de los que piensan distinto, la unidad de un proyecto de país en medio de la diversidad.
La unidad en torno a quienes piensan idéntico no tiene gracia, es algo obvio. El gran reto es construir coincidencias dentro de la divergencia.
Los venezolanos tenemos el reto superior de hacer de nuestro país una nación próspera, y para ello es imprescindible superar el rentismo; es decir, cortar la fuerte dependencia del ingreso petrolero para poder vivir.
Muy bueno que tengamos petróleo, pero es grave que la existencia de este valioso recurso nos haya generado el férreo mapa cognitivo de una mentalidad rentista.
Esto es, ciudadanos que en vez de esforzarse en producir, en algunos casos sólo piensan en estirar la mano para que le den algo de la renta.
En la gran producción nacional deben estar corporaciones mixtas e iniciativas de particulares, mientras la renta petrolera se usa para tener los mejores hospitales (salud pública) del mundo.
La educación de mayor excelencia, seguridad personal plena y un sólido sistema de seguridad social para todos por igual.
Dr. en Políticas Públicas