No es raro que eso ocurra, puesto que, en todo el mundo, la sociedad se digitaliza cada vez más y nos hace por completo dependientes de dispositivos de todo tipo y de conexiones a Internet.
Los llamados hackers, una palabra que se ha vuelto bastante cotidiana a pesar de que no cuenta con un equivalente en español, (igual que hackear o hackeo) no son "piratas digitales", como suele pensarse.
La piratería se refiere más a la copia ilícita de bienes protegidos por derechos de autor o propiedad industrial, ya sea que esos materiales estén en formato digital.
Los hackers, en cambio, son expertos en intrusión informática, es decir, capaces de violar los mecanismos de seguridad de las computadoras y de ingresar en áreas del sistema que sólo deberían ser accesibles a los usuarios que han colocado claves secretas, o a los administradores.
Las intenciones de esos vándalos digitales pueden ser de muy diferente índole. Por eso, hay quienes hablan de "hackers buenos" y "hackers malos". Es cierto que han ocurrido casos en los cuales los intrusos no persiguen causar ningún daño a los sistemas o a sus usuarios, sino simplemente demostrar que fueron capaces de violar la seguridad y tomar el control de determinadas computadoras, como si se tratara de una competencia de habilidad.
Esos supuestos "hackers buenos" dejan mensajes para que el público los vea, a veces colocando en ridículo a los administradores reales de los sistemas o burlándose de compañías y organizaciones, pero no ocasionan daño.
La exitosa trilogía de ficción del escritor sueco Stieg Larsson, que comenzó con la novela Los hombres que no amaban a las mujeres, está poblada de los llamados hackers buenos, quienes utilizan sus destrezas digitales para impartir una especie de justicia personal que la sociedad les había negado.
El propósito de los hackers malos, en cambio, es causar daño. Por eso, su actividad está catalogada como delito. Y el mundo de las finanzas es uno de sus campos de acción favoritos. Sabemos que en el mundo de hoy la mayoría de las transacciones económicas se realiza de forma electrónica o por medio de Internet, y que el dinero en efectivo o los cheques son cada día menos importantes.
Pero los intrusos informáticos han invadido todos los campos. En estos días es noticia cómo las redes sociales, donde no se gestiona dinero ni bienes, sino información, fotos, ideas y pensamientos, han sido objetivo favorito de los malintencionados para cometer sus fechorías. En este caso, la buena imagen y la reputación de las personas, un patrimonio tan valioso, o mucho más, que el propio dinero, quedan expuestos al peligro, lo cual puede entrañar daños muy difíciles de reparar.
Pero hablemos de las precauciones por tomar para protegernos de esta modalidad de delincuencia en el terreno de las operaciones bancarias y financieras. Las siguientes recomendaciones harán el trabajo de los hackers mucho más complicado: Cree una clave secreta robusta; esta es la medida de seguridad por excelencia. Debe evitar que su clave esté relacionada con usted de manera alguna. No debe ser su propio nombre, ni el de su pareja, ni su fecha de nacimiento ni su cédula de identidad. La próxima semana seguiremos con este interesante tema.
Twitter: @josegrasso
jgrasso@soft-line.com