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Opinión Firmas Roberto Hernández Montoya Ya Diente Roto habló

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ROBERTO HERNÁNDEZ MONTOYA | 13/04/2012 08:28:45 p.m.
Ya Diente Roto habló
Desde 1898, los venezolanos hemos vivido en la curiosidad de lo que habría dicho Juan Peña si hubiera hablado
Pedro Emilio Coll nos cuenta en su clásico cuento El diente roto, publicado ese año en El Cojo Ilustrado, que una guaratara rompió un diente de Juan Peña. Desde entonces, Peña se absorbió en tentárselo con la lengua. Ascendió a las más altas dignidades y casi fue Presidente sólo por no pensar. Nunca habló, claro, de modo que nadie se enteró de lo que habría dicho. El cuento está en http://j.mp/i5F3db y vale la pena.

Posteriormente, el portugués Eça de Queirós desarrolló un tema similar en O enorme talento de Pacheco, de su obra Correspondência de Fradique Mendes (1929, póstuma). Todos hablaban de su "silencio repleto y fecundo".
Distinto pasó al locuaz héroe de la novela y luego película tituladas Desde el jardín, de Jerzy Kosinski, Wystarczy byc, 'basta ser'. Ese personaje es sacado de su aislamiento, confinado a un jardín y un televisor. Al salir, sólo habla de lo poco que sabe, pero de modo tal que sugiere ideas enigmáticas y profundas. Sentado cabe el embajador de la Unión Soviética, le comenta: "Nuestras sillas no se tocan, pero están cerca", honda reflexión sobre las entonces tensas pero asiduas relaciones entre la Urss y los Estados Unidos. La personificación de Peter Sellers es magistral.
Al final, la cúpula de poder de los Estados Unidos se reúne y uno puede pensar que tal vez lo ponen en la Presidencia. Total, si Bush fue presidente y Obama se deja llevar como caballo de Junquito, coge pa'llá, coge pa'cá, pues es verosímil.

En Venezuela hemos tenido intelectuales cuya principal característica es la aridez. Publican algún folletico, si acaso, muchas veces plagiado, alguna plaquette de poemas, y con eso alimentan su indigente trayectoria. Articulitos dispersos y adulatorios. Ingieren mucho alcohol, hablan mucha paja y cultivan relaciones e influencias fructíferas. Algunos son simpáticos. La Cuarta República fue pródiga en dádivas a intelectuales, escritores y artistas que o nunca fueron productivos o recibieron esas mercedes precisamente para que dejaran de crear, a juzgar por el abrupto cese de su rendimiento. Los ha habido en todas las épocas. Curiosamente, los de Juan Vicente Gómez fueron bastante más fértiles que los de la Cuarta República, aunque sólo fuese para los fines de aquella dictadura.

Una vez oí decir a Simón Alberto Consalvi, uno de los artífices de las políticas culturales de la Cuarta República, que los intelectuales y escritores venezolanos no producían porque estaban todos encamburados. Tuve el placer de responderle que encamburados estuvieron Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Miguel Ángel, Leonardo, Wagner y miles y miles más, pues el Estado es uno de los factores de sostenimiento de un sector ocioso creador que justifica o ilustra los procesos sociales. Todos altamente fructíferos. Los de aquí eran más bien unos cordiales sinvergüenzas.

Por fin sabemos qué tenía que decir Diente Roto, el candidato de la ultraderecha, ahora que rompió su silencio repleto y fecundo con sus chispeantes declaraciones. Qué envidia me dan los intelectuales de la derecha con ese candidato, digno de ellos.

roberto@analitica.com

 
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