RAMÓN GUILLERMO AVELEDO | 17/07/2012 06:24:29 p.m.
Nuestra América Latina
Somos latinoamericanos. A la región no sólo nos vincula lo que podríamos llamar la tradición constitucional soberanamente asumida, porque las constituciones del último medio siglo lo prescriben expresamente, sino por realidades históricas con implicaciones políticas, económicas y sociales.
Recientes acontecimientos como los hechos de Paraguay y nuestra inexplicada presencia en ellos o las peculiaridades de nuestro ingreso a Mercosur, área a cuyas esperanzas y desafíos entramos sin discutirlo adentro y de un modo polémico afuera, debemos analizarlos en perspectiva.
La alternativa democrática es latinoamericana y latinoamericanista, y quiere que Venezuela participe, responsable y constructivamente, en cooperación solidaria y respetuosa, en la búsqueda del progreso para nuestra región.
En su diversidad, América Latina es una. No excluimos de ella a ningún Estado, por mayores que sean nuestras diferencias con sus gobernantes.
En cuanto a integración. El Mercado Común Centroamericano tiene un área de libre comercio casi perfecta, pero una unión aduanera que todavía no alcanza ese nivel. En América del Sur están el esquema de la CAN que ha perdido fortaleza y el Mercosur, al cual asomamos como proveedor energético y comprador de todo. Todo ello condicionado por un hecho objetivo: los acuerdos de libre comercio entre países de la región y EEUU.
Visto desde Venezuela, podemos decir que actualmente estamos en el peor de los mundos posibles. Nos salimos de la Comunidad Andina y entramos a Mercosur sin el debido análisis, tenemos un aparato productivo deteriorado y poco competitivo, y hemos perdido mercados.
En cuanto a democracia, este sistema predomina, por fin, en la región con alguna excepción notable, pero todavía nos falta mucho en solidez institucional y en madurez ciudadana. Y la capacidad de gestión del Estado, para diseñar y ejecutar políticas que produzcan resultados tangibles, sigue siendo baja en promedio.
Las economías han crecido, salvo en Venezuela y Haití, pero no lo suficiente, lo mismo que los progresos políticos y económicos no se reflejan proporcionalmente en la superación de las desigualdades económicas y sociales.
Las diferencias de género, grupo étnico, campo y ciudad, siguen siendo fuertes. Hemos avanzado, cierto, pero podemos avanzar más. Y lo haremos.
Secretario de la MUD