El derrumbe del llamado mundo socialista, sin dispararse un tiro, vino a reforzar esta tesis. La opción propiamente comunista constituyó un fracaso a lo largo de
70 años, y la llamada “socialista” se convirtió en un horror de torturas y crímenes. El socialismo estatista, centralista y sin libertades públicas está de antemano desechado por el fracaso obtenido.
En 1978, los chinos hicieron tres grandes reformas: convertir una economía centralizada en descentralizada, una economía rural en urbana, y romper el aislamiento del gran país asiático en la esfera internacional, insertándose en ella. Esas tres grandes reformas que con continuidad han llevado a China a ser la potencia mundial que es hoy.
Otro hecho digno de destacar es el de Lula, quien dijo con orgullo que había recibido la décima economía del mundo, y dándole continuidad a las políticas de Fernando Henrique Cardoso convirtió a nuestro vecino del Sur en la potencia capitalista que hoy es.
En todos los casos citados -podría traer a colación varios mas-, fue decisivo el impulso estatal y de la iniciativa privada nacional e internacional. Es una constante capitalista invariable.
En el caso de Venezuela, estos no son errores casuales los que se cometen, sino de concepción. La manera simplista como se muestra algo de lo que se produce como fruto del socialismo, raya con el ridículo.
De seguir predominando estas ideas, Venezuela irá derechito al barranco. Por tanto hay que detenerlo, y tenemos la posibilidad el 7 de octubre de hacerlo electoralmente. Abrirle al país la senda del progreso, de la democracia, de la libertad, de la justicia social. Capriles encarna tales aspiraciones y su victoria produciría un vuelco sensacional de esta realidad dominada por falsas creencias. No es poca cosa lo que está en juego en este debate electoral, atípico, con cadenas, con el más grosero ventajismo oficial de que tengamos noticia. El sentimiento de cambio es muy grande, la cuestión radica en transformarlo en votos a favor de Capriles Radonski.
Dirigente Político