Aunque es temprano para medir el pulso de esta iniciativa, no debería descalificarse de entrada. La diputada se ha colado de manera audaz en el juego político, llevando siempre la delantera. En febrero de 2010 fue una de las primeras opositoras en anunciar sus intenciones de participar en las elecciones parlamentarias y se planteó hacerlo desde uno de los territorios más antichavistas de Venezuela: el circuito 2 de Miranda, que comprende los municipios Baruta, Chacao, El Hatillo y la parroquia Leoncio Martínez. Allí se daba por descontado que cualquiera que fuese el candidato llegaría a la Asamblea Nacional. Esta característica lo hacía ser muy apetecido. Machado se midió en primarias el 25 de abril de 2010 y ganó con 50% de los votos.
Destaca que lo hizo desde una plataforma extrapartido y se impuso en su pateadero a Primero Justicia y Voluntad Popular. Primero se alió con Ricardo Sánchez, jovencísimo dirigente político que ganó visibilidad desde el movimiento estudiantil y que se perfilaba como uno de sus oponentes. A la postre se convirtió en su suplente. Luego dejó en el camino a Carlos Vecchio (VP, apadrinado por Leopoldo López) y Alfredo Romero (PJ, apadrinado por Henrique Capriles).
Después, para las parlamentarias, hizo llave con el exgobernador Enrique Mendoza, un hombre que friega la paciencia, juega duro cuando hay que apretar y, sobre todo, sabe de organización política. Y hoy hace gala de su talante independiente.
Pese a estos éxitos, tengo la impresión de que Machado es subestimada. Ella, ingeniera de profesión y activista por convicción o interés, encabezó una de las iniciativas más productivas en materia de organización de base como es Súmate, la ONG que se erigió en el momento más crítico de la política venezolana en una suerte de órgano electoral paralelo. La plataforma tecnológica que tiene y el uso de las nuevas tecnologías son aportes interesantes. Una extensa base de datos que permitió desarrollar una estrategia informativa a través de SMS, correos electrónicos y otras herramientas con visión 2.0 que permitía obtener respuestas a los seguidores de la oposición, son algunos de los activos de esta ONG.
Con un rostro aniñado, una serenidad envidiable, la sonrisa un tanto impostada, María Corina enfrentó las acusaciones que le hicieron. Ha sido señalada por sus nexos con EEUU -célebre es la foto con Bush en la Casa Blanca-, el origen de los fondos de Súmate y por su participación en "El Carmonazo". Su nombre también salió a relucir en las estafas inmobiliarias por su vinculación con algunos presuntos involucrados. Hasta ahora ha salido bien librada. Pero a ella no sólo la ataca el oficialismo, la dirigencia no chavista la mira con reserva, debido, entre otras cosas, a su perfil muy "elitesco", sifrino, en el argot popular, o de derecha en la categorización política y a que no sigue línea de este grupo. Es, sin embargo, una de las pocas mujeres que brilla en el mundo opositor que, paradójicamente, a pesar de contar con sectores muy jóvenes no tiene grandes figuras femeninas.
Ella ha tenido la osadía de lanzarse sin pedirle permiso a nadie. Y esto es un gesto que, a mi juicio, debe ser apreciado en cualquier político con vocación de poder. Es posible que más de uno la despache con una reprobación. Igual ocurrió en febrero 2010 y allí está. Mujer, de 43 años, ya para 44; atractiva, con su típico bluyín y la camisa blanca, con una estrategia de no engancharse en provocaciones y con una meta. No tiene absolutamente nada que perder, y en un escenario tan polarizado como el venezolano, y con tantos "asteroides" bombardeando la escena política nacional, lo más probable es que quién sepa.