Me abstengo porque no lo voy a victimizar haciéndolo aparecer como un pobre buen muchacho, incomprendido y maltratado, a quien hay que proteger. Por el contrario, creo que todas y cada una de las cosas que usted dice o hace, incluyendo las que parecieran no tener sentido o lucen contradictorias, merecen atención, tan sólo por el hecho de lo que usted representa.
No sé si usted es una buena o mala persona; me es indiferente. De lo que sí estoy segura, es que hoy en día simboliza la suma de todas esas cosas que los venezolanos queremos dejar bien atrás. Cuando usted dice representar a la oposición, y acepta el pleno respaldo de cuanto malandro quiera pegársele, está asumiendo también la responsabilidad de lo que ellos hayan hecho y de lo que pretenden, en el presente y en el futuro. Probablemente, usted no figure en los cálculos de ellos para el mañana. Esa alianza antinatural por la que usted optó, implica acoger a esos que lo atacan hoy en día y que le dicen que no sólo no levanta emociones, sino que tampoco representa ninguna esperanza. Por eso nadie se come el cuento del “chocolate nuevo” ni de que con usted el país se encaminará hacia el “progreso”. Palabrería hueca. Hay gente de su mismo lado que no le cree y hasta asegura, y ofrezco excusas por la vulgaridad de la expresión, que le falta “burdel”, es decir, calle, olor a gente, a pasiones.
Como candidato, quiere venderle al país la idea de que encarna el bien, la paz, la armonía, la conciliación. Presenta a Chávez como un pendenciero y asegura que ni usted ni su grupo albergan rencor alguno. Toda esta perorata se la digo porque, como líder de la oposición, tiene que responsabilizarse de los energúmenos que lo cuidan y del atropello reiterativo hacia periodistas, que cometen con frecuencia. Si sus acólitos halan por los pelos a las colegas hoy, ¿qué nos espera a los demás después? Es una pregunta que merece respuesta. Y no se ponga con hipócritas discursos inclusivos, porque los hechos y quienes lo acompañan, son un elocuente anticipo.
Mlinar2004@yahoo.es