I
Hace 30 años, el sábado 11 de abril, estaba en Buenos Aires; en mi año sabático investigaba sobre las noticias extranjeras en la prensa de la región, que dio origen a mi libro La información internacional en América Latina. Eran los días de la guerra de las Malvinas, y con Aída estuvimos presentes en una multitudinaria concentración que desbordaba la Plaza de Mayo. Al fondo, en los balcones de la Casa Rosada estaban los militares responsables del desembarco en las Malvinas. Desafiantes, aseguraban estar dispuestos a resistir hasta la muerte. Detrás, en salones contiguos, el presidente Leopoldo Gualtieri y el general Alexander Haig, secretario de Estado y supuesto mediador, negociaban.
Había gente de todas las tendencias, partidos y sindicatos, apoyando esa reivindicación histórica. Es posible que hasta las Madres de Mayo estuvieran. Comenzamos a escuchar que miles voceaban otra consigna "Se siente, se siente, Perón está presente". El caso es que toda Argentina estuvo unida en esa acción, optimistas de sus resultados.
Los militares, que desde marzo de 1976 mantenían un régimen represivo y sanguinario, creyeron que Washington les daría apoyo cuando se lo pidieran, basados en sus compromisos con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca que obligaba a sus firmantes a asumir la defensa de cualquier país de la región agredido por una potencia extracontinental. Además, confiaban en que sus "servicios" de trabajo sucio contra Nicaragua serían compensados.
Los periodistas argentinos O.R. Cardozo, R. Kirschbaum y E. van der Koy, luego de una documentada y exhaustiva investigación en Argentina y en EEUU ponen al descubierto en Malvinas: La trama secreta, el trasfondo de esa guerra y toda esa madeja de contactos de la diplomacia de los militares para conseguir la adhesión estadounidense hasta que les respondieron el 30 de abril, que ellos, ¡los argentinos, habían sido los agresores! Al día siguiente empezaron los ingleses a atacar.
En América Latina no fue unánime el apoyo. Chile y Guyana con Inglaterra, Colombia fríos, Venezuela y Cuba muy decididos. El diario O Globo reveló hace poco documentos secretos que muestran que un puente aéreo (Urss, Argelia, Cuba, Perú y Brasil) transportó aviones y misiles hasta Argentina.
En nuestro caso, no sólo fue el Gobierno el que mostró una solidaridad activa, hubo, por ejemplo, asambleas en los periódicos, en algunos como Últimas Noticias, con su propietario Miguel Ángel Capriles al frente. En esos días se jugaba en Buenos Aires el Campeonato Suramericano de Básquet, y cuando el equipo venezolano se quitó los monos en las camisetas se leía "Malvinas Argentinas".
Pueden imaginarse la ovación recibida.
El resultado de esa guerra de 72 días es bastante conocido. El hundimiento del Belgrano, nave insignia de la Armada argentina, y la muerte de 325 de sus marinos, fue decisivo para su desenlace. Inglaterra tenía el apoyo de los países de la Otan, con EEUU a la vanguardia. Impensable su derrota.
Pero nunca un dicho fue tan cierto como ese de que "no hay mal que por bien no venga", pues a partir de esa derrota militar y política de la dictadura, comenzó su desmoronamiento, su pérdida de poder e influencias, y se vieron obligados a ceder paso al poder civil. Tan débil quedó la institución armada, que muchos de sus jefes, comenzando por el general Jorge Videla, pagan sentencia de condena perpetua.
II
Las Naciones Unidas en su acta fundacional de 1945, condena el colonialismo y exhorta a su culminación; en los años 60 debían terminar las colonias en el mundo. Algunos movimientos, como el Frente de Liberación de Argelia, debió luchar muchos años más para expulsar a los franceses. En otros, como la Guayana Británica, eran tan fuertes los independentistas que hubo una transición pacífica.
En 1961 fue creado el Comité de Descolonización de la ONU, porque quedaban muchos territorios coloniales. Medio siglo después subsisten 16 de esos enclaves, entre ellos Puerto Rico, Guayana Francesa y las Malvinas en América Latina. No parece casual que de esos 16, 10 sean colonias inglesas.
Los gobiernos argentinos han estado planteando el problema, tanto en el seno de la Asamblea General como en su Comité de Descolonización. Todo cuanto aprueban es que ambas partes que reclaman la soberanía sobre las Malvinas se sienten a negociar. En ocasiones Londres ha accedido y entrado en conversación sobre diversos aspectos, incluido el de las comunicaciones con las islas, pero al llegar a la cuestión de la soberanía, abandonan. Diez resoluciones ha aprobado la Asamblea General y 30 el Comité, sin mayores resultados.
El jueves se presentó la presidenta Cristina Fernández al comité a exigir a los ingleses que se presenten e inicien de inmediato las conversaciones. Por supuesto, no asistieron.
III
Las Malvinas estuvieron en el centro de disputas, incluso armadas, entre potencias colonialistas. España, Inglaterra y Holanda se la peleaban, y cuando las Provincias Unidas adquieren su independencia, España, que las ocupaba desde hacia 40 años, las abandonaron y pasaron a ser argentinas, que las ocupó formalmente en 1820. Por poco tiempo.
El 2 de enero de 1883, la corbeta británica "Clio" llegó al Puerto de San Luis en las Malvinas y fue recibida como nave amiga por una goleta de guerra argentina que estaba en ese puerto. Los ingleses muy superiores en fuerza, ante la sorpresa de argentinos, arriaron el pabellón blanquiazul, izaron el suyo y obligaron a los marinos argentinos a abandonar, lo que éstos hicieron sin resistencia.
Con fecha 23 de enero, Manuel Maza, ministro de Relaciones Exteriores y Cultos de la Provincias Unidas del Río de La Plata, escribió al Secretario de Hacienda y Relaciones Exteriores de la República de Caracas informándole de lo acontecido el 2 de ese mes, como una "abierta violación del territorio de esa República", y termina expresando su confianza en "encontrar la adhesión, que infieran la política ilustrada de esa administración y la necesidad de unos mismos sentimientos para vivir prevenidos contra los abusos del poder europeo" (nos sorprende que sólo se refiera los abusos europeos, cuando en esa misma carta hace referencia "al escandaloso atentado cometido por la corbeta de guerra "Servingtin", de EEUU, en una de las islas Malvinas: Soledad, y que preparaban el debido reclamo).
¿Como se imaginan que respondió Venezuela?
El caso es que no hubo la solidaridad solicitada, ¡ni un elemental acuse de recibo! El texto de la carta de Buenos Aires aparece en el Libro Amarillo del MRE, año VI, N° 6, 1999, pero no la respuesta venezolana, lo que hace suponer que nunca la hubo.
Silencio en armonía con la respuesta a otra carta del canciller argentino, Tomás Guédez, del 17 de enero de 1884, donde le propone "una política conjunta para la defensa y protección común de la soberanía de sus respectivas repúblicas". Esa carta al canciller venezolano Pedro Pablo Díaz vino acompañada de copias de documentos fechados en Londres que revelaban planes españoles de reconquista de las que fueron sus colonias.
Casi un año después, el 8 de noviembre de 1884, aparece fechada la respuesta. Ante la "ausencia de peligro", y debido a los trámites que entonces hacía Venezuela para establecer relaciones con España, creían innecesaria cualquier alianza.
Eran años del gobierno de Guzmán Blanco.