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Opinión Firmas Juan Páez Ávila Cuba y socialismo del siglo XXI

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JUAN PÁEZ ÁVILA | 29/11/2011 07:18:55 a.m.
Cuba y socialismo del siglo XXI
Como uno de los últimos reductos del estalinismo o del llamado socialismo real, el régimen cubano había prolongado su agonía auxiliado por los dólares que solidariamente le venía entregando el presidente Hugo Chávez, quien violando la legislación venezolana nunca consultó a otros Poderes Públicos, con la finalidad de ocultar el fracaso del socialismo autoritario de los hermanos Castro y poder abrirse camino hacia parámetros que le permitieran justificar su ambición de imitarlos y perpetuarse en el poder hasta el fin de sus días
Como uno de los últimos reductos del estalinismo o del llamado socialismo real, el régimen cubano había prolongado su agonía auxiliado por los dólares que solidariamente le venía entregando el presidente Hugo Chávez, quien violando la legislación venezolana nunca consultó a otros Poderes Públicos, con la finalidad de ocultar el fracaso del socialismo autoritario de los hermanos Castro y poder abrirse camino hacia parámetros que le permitieran justificar su ambición de imitarlos y perpetuarse en el poder hasta el fin de sus días.

Pero desde que Raúl Castro visitó China y pudo constatar el progreso económico que experimentaba ese país, una vez puestas en práctica algunas reformas propuestas por Deng Xiao Ping, que contemplaban la apertura al capital extranjero, cuyos resultados superan a casi todos los países del mundo en crecimiento del Producto Interno Bruto de una manera sostenida, el actual Presidente de Cuba se dio a la tarea de convencer a su Estado Mayor del Ejército de la necesidad de salvar la honrilla de una revolución que se acercaba entones a los 40 años, de un evidente y rotundo fracaso.

Una vez obtenido el dominio del aparato político y militar de Cuba, aunque todavía siente la sombra jerárquica de su hermano mayor, Raúl Castro decidió fustigar duramente a una burocracia improductiva y resolvió despedir a un millón de empleados públicos para que vayan desde crear pequeñas empresas, propias del capitalismo, con ganancias y pagos de impuestos, para que tomen las iniciativas personales de las que puedan ser capaces para emprender obras productivas, como lo hacen en China y también en Estados Unidos, potencias capitalistas que se disputan la hegemonía comercial y económica en general en el universo. Igualmente ha permitido la venta de automóviles y la compra de viviendas por particulares.

Con estas reformas, Raúl Castro no sólo ratifica lo que afirmó Fidel Castro acerca de que el comunismo no servía ni a los intereses cubanos; también ha dado al traste con el proyecto trasnochado y parasitario del comandante Chávez. Si Deng Xiao Ping dijo y comprobó hace más de 20 años, en China, que la apropiación de los medios de producción por parte del Estado era inviable por ineficaz e improductivo, Raúl Castro le ha propinado un golpe definitivo al socialismo del siglo XXI.

Periodista

 
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