Así como la raza Carora de ganado vacuno y los viñedos de Altagracia y la fábrica de vinos Pomar, que unen el campo y la ciudad y han extendido su nombre en el globo, La Candelaria, de Alirio Díaz, el San Francisco de Alí Lameda y El Docoro de Ambrosio Oropeza, han contribuido a hacer de Carora una ciudad, aunque pequeña, más universal. Y aunque Cuicas le disputa a Carora el origen natal de Guillermo Morón, nuestro gran historiador es conocido en el mundo como caroreño.
Al genio musical de Alirio Díaz hay que unir el de Rodrigo Riera, ambos impulsados por la escuela de Chío Zubillaga hacia el universo, quienes tocando juntos o individualmente recorrieron los principales teatros de las grandes ciudades del hemisferio occidental y recibieron extraordinarias ovaciones de un público culto. El corazón de Venezuela, obra suprema de Alí Lameda, conocido en el mundo de las letras, es en gran parte el corazón de Carora. El riguroso y profundo estudio de la Constitución nacional de la República de Venezuela, de Ambrosio Oropeza, es obra de consulta en diferentes universidades de América y Europa. La historia de Venezuela de Guillermo Morón ha sido traducida a diferentes idiomas en el mundo. Y en la actualidad numerosos discípulos de Juan Martínez Herrera reafirman en el continente europeo y en América la universalidad de esa ciudad eterna.
Esa Carora es inconmovible porque es obra de sus hombres y mujeres que laboran con las manos y el pensamiento. Incluso, cuando uno visita la ciudad e ingresa por calles rotas, pobladas de huecos y un transporte anárquico y endemoniado, no deja de percibir el espíritu de lucha y protestarlo de los carroños que han construido una ciudad para la resistencia. Todos continúan en sus labores del campo y del intelecto, que es lo que lo ha hecho universal e indestructible. La incurría o negligencia de las autoridades competentes para preservar la ciudad, que sus mejores hombres y mujeres han hecho famosa en el mundo, no pertenece a los carroños del espíritu emprendedor de los fundadores de la inseminación artificial y de los Centros de Creación Literaria.
Para reconstruir la ciudad, destruida por algunos depredadores de la Administración Pública, los carroños buscan unirse, sin discriminación alguna, con la colaboración de todos, para lo cual sólo requieren poner a funcionar el sentido común y el talento que los ha caracterizado siempre, a través de nuestra pequeña pero fructífera historia.
Periodista