Las universidades nacionales sufren tres tipos de agresiones. La primera viene del hampa común que está atacando a los estudiantes, empleados y profesores. Se trata de una enfermedad nacional, donde nadie está a salvo. La segunda tiene que ver con los recortes presupuestarios que ejecuta el Gobierno y que implican que las universidades reciben menos recursos de lo que en realidad les corresponde para su funcionamiento. Ello se expresa en sueldos de hambres de los profesores y empleados y el impedimento de aumentar la matrícula para que más estudiantes ingresen a la educación universitaria.
En el caso de la UCV, del monto solicitado para 2012 el Gobierno apenas le asignó 40%, quedando un déficit significativo. Para que el lector se ubique, un profesor universitario puede llegar a ganar menos que un salario mínimo. Por esa situación, cuesta tanto conseguir profesores de calidad que cumplan los requisitos para poder impartir clases en una universidad. De nada vale la masificación de la educación universitaria si los profesores no están bien capacitados para enseñar.
La tercera agresión que sufre la universidad es la del hampa política. La UCV ha recibido en los últimos cinco años 47 ataques, reflejados en daños a su infraestructura física y embestidas contra las autoridades y estudiantes, los cuales van desde los insultos ya cotidianos hasta agresiones físicas. En muchos casos, los agresores están perfectamente identificados. Y esas agresiones han sido denunciadas ante el organismo que dirige la fiscal Luisa Ortega Díaz. Pero esa funcionaria no ha hecho absolutamente nada para que se imponga la justicia, al identificarse a los autores de las fechorías y llevarlos ante la justicia.
El hecho de pertenecer al partido de gobierno no puede ser una licencia para vejar y agredir a una persona que es tan autoridad como la ciudadana fiscal. Y esa campaña de improperios y odio contra la universidad tiene sus altavoces en exprofesores universitarios como un diputado, quien ha hecho de la ofensa y la burla su nueva profesión. A él lo acompaña una ministra que destila a diario su odio contra una casa de estudios como la UCV. Valida de su posición de ventaja con su programa radial donde no existe el derecho a réplica, se ejercita despotricando contra la UCV. De lo que tal vez ellos no se han percatado es que la universidad los trasciende y que ambos sin el bastón de Hugo Chávez son unos ilustres desconocidos.
Economista