Tanto en Venezuela como en América Latina abundan esos aspirantes a revolucionarios que tienen metido entre ceja y ceja gobernar por siempre, usando al pueblo como carnada para ese objetivo.
En cambio, los países más desarrollados y avanzados lo han hecho gradualmente, con cambios notorios, acumulativos. Y es aquí donde entra la idea de progreso para todos que en Venezuela está cogiendo fuerza como propuesta de Henrique Capriles Radonski. En términos concretos, la idea de progreso hace referencia a que el ciudadano de a pie mejore su nivel de vida sin que para ello se tenga que sacrificar las libertades políticas, quitarle al que tiene o tratar de imponer una ideología política.
Sin embargo, para que una nación progrese y ese progreso genere bienestar, deben ocurrir algunos hechos sin los cuales no hay mejoría sostenida para el pueblo. En primer lugar, la economía debe crecer de forma continua y a largo plazo, porque de otra manera no hay forma de aumentar el ingreso. Ello requiere la realización de inversiones por parte de los sectores público y privado, trabajando de forma armónica, ni maltratando ni persiguiendo a quienes invierten. En segundo lugar, el progreso va asociado a la disminución de la inflación. Una economía inflacionaria, por lo general, tiene salarios deprimidos y baja capacidad de consumo de la población. En tercer lugar, progreso implica creación de empleos, estables, formales y bien remunerados. La creación de puestos de trabajo se asocia con la inversión y con políticas que estimulen la contratación de nuevos trabajadores. En cuarto lugar, el progreso va estrechamente relacionado con una educación y salud de calidad, que es la que les permite a los hijos del pueblo ingresar a las buenas universidades, graduarse y así encontrar un empleo bien remunerado. Ningún país ha avanzado sin ciudadanos bien educados y sanos, y ello es un responsabilidad principalísima del Estado.
Finalmente, progreso para todos quiere decir garantizar seguridad pública a la gente. Nada de lo anterior es factible hacerlo si a la gente la asesinan constantemente. Todo eso se diferencia radicalmente de una revolución que lo que hace bien es prometer un futuro incierto, jugando con la esperanza de un pueblo oprimido y defraudado.
Economista