Las intervenciones de los diputados oficialistas, aunque sin los argumentos de otros parlamentarios, me permitió recordar la tragedia que vivió Venezuela entre 1975 y 1978, cuando la mayoría parlamentaria de la época aprobó un endeudamiento masivo que luego -durante los años ochenta- tuvo un efecto negativo sobra la economía venezolana.
El gran argumento para aumentar la hipoteca nacional fue que esos recursos se utilizarían para construir viviendas. Descubrió el Gobierno en 2011 que el país vive una crisis en la construcción de viviendas y que de nada ha valido los inmensos recursos que se han recibido por petróleo y que han permitido que el Gobierno adelante la construcción de casas en Bolivia, Cuba y Nicaragua, de las que hoy carecen los venezolanos.
Aplaudían los diputados que el país se siga hipotecando. Y es lógico que ello sea así porque muchos de ellos no serán parlamentarios cuando el país tenga que hacer frente al pago de esa deuda en los años venideros. Aplicarán esos diputados irresponsables el dicho popular "el que venga atrás que arree". Sucede que, cuando el presidente Chávez asumió en 1999, la deuda pública estaba en US$ 30 mil millones, y con todos y los espectaculares precios del petróleo ya ronda los US$ 130 mil millones. Esto es incomprensible. Pero más incomprensible es que el argumento para contraer esa deuda sea que no hay reales. Sí los hay porque el precio del dólar se estableció en el presupuesto nacional a BsF 2,60 y el Gobierno lo devaluó a BsF 4,30, 65% con lo cual por cada dólar se generan ahora más bolívares. Además, el barril de petróleo se fijó en la Ley de Presupuesto en US$ 40 barril y actualmente se cotiza en US$ 100 por barril. Es decir, más que se duplicaron los ingresos y el Gobierno sale ahora a decir que tiene déficit y que se ve obligado a endeudarse.
Está llegando la hora de ajustar las cuentas con un gobierno que no solamente ha despilfarrado y regalado la riqueza nacional, sino que también está hipotecando el futuro de los venezolanos.
Economista