Luego de que algunos se burlaran de las primarias y que otros dijeran que las mismas no se realizarían, la clave está en lo que dijo Chacón, al afirmar que para que la oposición le gane a Chávez el 7 de octubre tendrían que votar más de 2.500.000 personas. Y claramente se sobrepasó esa cifra y está muy cerca de 3.100.000 votos. Chacón es una persona que sabe de números, y percibe que detrás de cada voto que concurría a las primarias con todos los riesgos que ello comportaba a raíz de la Lista Tascón, hay al menos dos votos potenciales, con lo cual el candidato Capriles arrancaría la contienda electoral con un piso de cinco millones de votos, cifra que pondría en serio peligro la victoria de Chávez.
Lo cierto es que esos 3.100.000 votos son un asunto muy serio, al representar 33% de quienes votaron en las elecciones para diputados y 18% de todo el registro electoral, la segunda mayor participación en unas elecciones primarias en el mundo.
Recientemente, en las elecciones internas del Partido Socialista de Francia votó 6,7% y se consideró todo un éxito. Lo cierto es que emergió un candidato con un mandato claro y que además le llega a los sectores populares con un mensaje sencillo, claro y que la gente valora como viable.
Tendrá que encarar Capriles a un Presidente agotado, enfermo, que recurre al ventajismo mediante un uso abusivo de las cadenas de radio y televisión porque no puede tener contacto directo con el pueblo. Chávez es hoy un hombre mediático, posicionado en un estudio de televisión y que además tiene una rémora encima: su planteamiento del socialismo no pasa de tener una aceptación de 30% de la población, no obstante que éste se asocia con la entrega de dinero por parte del Gobierno. En Venezuela, el socialismo ha degenerado y es sinónimo no de una ideología, sino de un viático monetario. Ante la falta de una obra visible, Chávez recurrirá a las promesas y al gasto público para crear la sensación de bonanza. Capriles, por el contrario, tiene un mensaje inclusivo que abraza a todos los venezolanos y que estimula la concordia y no la confrontación. La tesis del progreso para todos por igual de Capriles supera claramente a la del socialismo marxista-leninista-estalinista de Hugo Chávez.
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