Gracias a Dios. Vale acotar que todo absceso es un proceso infeccioso. Desde hace más de diez días nada oficial se sabe de la salud del presidente. Lo que hay es una ola de rumores y chistes de mal gusto acerca del padecimiento del ciudadano Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
En regímenes despóticos, lo que le sucede a los hombres públicos se guarda como un secreto de Estado. En la antigua Unión Soviética, los tiranos se morían en la cama y la noticia se sabía días después de la muerte. En Cuba, se especuló sobre la salud de Castro y nadie supo qué tenía hasta que, ante el fracaso de la medicina cubana que lo diagnosticó mal y que casi lo mata, el doctor español José Luis García Sabrido, acertó con el tratamiento y Castro se recuperó.
La enfermedad de Chávez pone dos puntos sobre el tapete. Primero, la necesidad de información oficial sobre la salud del jefe del Estado, por parte de una junta médica que hable con propiedad del caso y no políticos de oficio que no son especialistas. Ello supondría que serían los médicos cubanos quienes den ese reporte informativo.
En segundo lugar, la tremenda desconfianza hacia la medicina venezolana, que obligó al presidente a tratarse en otro país. Esto ya es una práctica, que los altos jerarcas del gobierno se internen en las mejores clínicas privadas de Venezuela y de otros países mientras que pregonan las bondades de Barrio Adentro. La medicina cubana no tiene la calidad de la venezolana ni la de otros países de América Latina, lo que ha logrado es una masificación importante. Lo único que solicitan los venezolanos es información veraz y oportuna al tiempo que deseamos que la Providencia ayude a que el presidente Chávez restablezca su salud.
Economista