El
producto interno bruto creció 4%, determinado por el aumento del gasto público en un ambiente de estancamiento de la inversión privada. Ese crecimiento modesto de la economía nacional ocurre sin que se amplíe la capacidad productiva.
La falta de inversión en Venezuela obedece a las políticas que ha emprendido el Gobierno que se expresan en el desconocimiento de los derechos de propiedad y la falta de reglas claras para los inversionistas.
En 2011, el Estado venezolano propició un sostenido y peligroso aumento de los niveles de deuda pública que más temprano que tarde cuestionarán la viabilidad de las finanzas públicas y llevarán a una maxidevaluación del bolívar.
Así, en tanto que en 2010 la deuda total de la nación se cifró en aproximadamente $ 120.000 millones, al concluir 2011, la misma escaló a un estimado de $140.000 millones, equivalente a 53% del PIB, considerando exclusivamente la deuda documentada debido a que hay una fracción adicional de la deuda que se desconoce su monto y que guarda relación con las expropiaciones realizada por el Gobierno, pero que no han sido canceladas.
Los efectos de la deuda son claros. La externa hay que pagarla en moneda extranjera y por tanto mientras más se tenga que cancelar en capital e intereses, menos divisas habrá para las importaciones y por tanto más presiones sobre el tipo de cambio oficial. En cuanto a la deuda interna, esta siempre se puede pagar generando inflación y ello es lo que ha sucedido en Venezuela en las últimas décadas.
El Gobierno propicia la devaluación y con ella la inflación licua los saldos de esa deuda ahora desvalorizados por el alza de los precios. Los costos de la deuda son elevados para la población: en la ley de presupuesto de 2012, al renglón que mayores recursos se le asigna, no es a la salud o la educación, sino al pago de la deuda.
En lo relativo a la inflación, el Gobierno está derrotado. Durante 2010 y 2011, su meta ha sido rebasada por un proceso inflacionario que no solamente se ha hecho más intenso, sino que también cuya asimetría golpea con más virulencia a los estratos más pobres de la población.
La principal fuente de inestabilidad monetaria en Venezuela es el Banco Central, el cual debería estar más concentrado en la preservación del valor del bolívar.
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