En 1998, Venezuela debía US$ 29.000 millones lo que equivalía aproximadamente a 30% del PIB, incluyendo la deuda de Pdvsa. Al cerrar 2011, tomando en cuenta las emisiones recientes y lo que se va a cancelar en lo que queda de año, la deuda total del país alcanzará a más de US$ 120.000 millones, lo que representará 48% del PIB. Vale recordar que en 1998 el precio del petróleo estaba en US$ 12 por barril y para este año se estima que cotice en más de US$ 100 por barril. Esto es un verdadero milagro, haber endeudado a Venezuela a mansalva en el momento del auge petrolero más duradero e intenso que haya tenido el país.
En este sentido, esta forma tan irresponsable de endeudar al país se parece a la de Carlos Andrés Pérez en entre 1974 y 1978. También ha tomado un curso peligroso la deuda con China a quien se le debe más de US$ 15.000 millones. Más recientemente el Gobierno emitió un bono por US$ 4.200 millones que ha despertado el apetito en moneda extranjera de los venezolanos, quienes no tienen confianza en el bolívar. Esta nueva deuda es absolutamente irracional y costosa. Se emite a casi 12% de interés, la deuda más cara del mundo, más cara que la de Grecia, país que está quebrado, literalmente. Además la deuda es para hacer gasto en bolívares. Entonces, en qué cabeza cabe endeudar a un país en moneda extranjera para realizar gastos que no generen las divisas para pagar ese préstamo. Que una economía tenga que recurrir a la emisión de deuda en dólares para financiar gasto interno que pudiese hacerse con los recursos ordinarios, es tanto irresponsable como insensato. Solamente en intereses pagará Venezuela US$ 502 millones anuales y en total esta deuda nos costará US$ 19.260 millones. Es decir, recibiremos US$ 4.200 millones y pagaremos un monto casi cinco veces mayor.
Venezuela exige cuentas al presidente Chávez y a su ministro de Finanzas de esta hipoteca. No se puede seguir comprometiendo el futuro de las generaciones jóvenes y sacrificando las oportunidades de usar eficientemente los ingresos petroleros. Basta ya de proyectos utópicos.
Economista