Cada cierto tiempo en Venezuela, y ahora con mayor regularidad, aparecen algunos burócratas hablando sobre asuntos económicos del país que pasan a ser parte del folclore nacional. En particular sobre el tema de la inflación, el asunto ha llegado ya no a provocar risa sino más bien preocupación. Antes fueron el general Oropeza, ministro de Alimentación, al cual siguió Eduardo Samán, ministro de Comercio, a quien sucedió el coronel Carlos Osorio, también ministro de Alimentación, y ahora, quien ha batido las marcas de los anteriores, el presidente del Indepabis, Augusto Montiel. Según estos señores, en Venezuela no hay inflación sino especulación. El problema con todos los funcionarios anteriores, es que ninguno de ellos ha pasado por un aula de una Escuela de Economía o se ha tomado la molestia o el trabajo de ser autodidacta en el campo de la ciencia económica y por tanto salen a disparar frases hechas sin ningún tipo de sustento. Y ello se traduce en el cierre de negocios y la imposición de multas pretendiendo que con ello se resuelve el alza de los precios. O más recientemente, desean bajar la inflación con la Ley de Costos y Precios Justos. Si la inflación pudiese bajar con un decreto o ley, en el mundo no hubiese inflación, así de simple. La inflación es un problema económico y por tanto la solución debe ser principalmente económica. En octubre la inflación en Venezuela alcanzó 27%, la más elevada de América y la segunda del mundo. Pero los alimentos aumentaron de precio 32%. Ello quiere decir que la inflación a quienes más golpea es a los sectores populares. Ciertamente, al tomar en cuenta a los más pobres, la inflación se situó en 30%, en tanto que para los estratos de mayores ingresos el incremento de los precios fue de 27%. Por tanto, la inflación afecta más a los sectores populares. Desde 2005, la inflación se ha acelerado considerablemente explicada por estos factores. En primer lugar, porque la base de la estabilidad monetaria, que son las reservas internacionales del Banco Central, fueron confiscadas por el Gobierno. En segundo término, porque el Banco Central está actuando como una caja chica del Gobierno para financiar los déficit fiscales mediante impresión de billetes que carecen de valor. Tercero, porque ha habido una devaluación acumulada de la tasa de cambio oficial de más de 120%, y esa devaluación se traspasa a los precios. En cuarto lugar, porque Cadivi no entrega los dólares oportunamente ni en las cantidades suficientes, y ello obliga a las empresas a pagar más caro por los dólares y, finalmente, porque así como sube el precio del petróleo también lo hace la mayoría de los alimentos que Venezuela importa, porque la producción nacional se desplomó.
Economista