En 1974, el entonces presidente Carlos Andrés Pérez estableció un sistema de controles de precios con el objeto de contener las presiones inflacionarias, producto del aumento del gasto público y la liquidez que su gobierno estaba impulsando. A partir de entonces, esos controles de precios ha sido una práctica recurrente sin que la inflación ceda o disminuya de forma sostenida. El principal efecto del control de precios es la escasez de los bienes y el deterioro de los servicios, y la historia es aleccionadora en ese sentido.
Por tal razón, los gobiernos con buen manejo de la economía no recurren a controles de precios, sino a la política económica para aliviar las tensiones inflacionarias. ¿Dónde reside el error de aplicar un control de precios para bajar la inflación? En dos hechos. El primero, el control de precios no ataca las causas de la inflación. Si el gobierno y el Banco Central disparan el gasto y la liquidez y además devalúan la moneda, el resultado es que los precios suben. Si a ese aumento del gasto se le suma una caída de la producción agrícola y pecuaria, como sucede en Venezuela, el resultado es el esperado; hay escasez e inflación. La inflación es como la fiebre: no es la causa de una infección del cuerpo humano, sino su manifestación, y si no se va a la causa de la infección, sigue la fiebre. El segundo hecho se refiere a que una burocracia desde unas oficinas con aire acondicionado, desconociendo la realidad de cada sector productivo, se cree con el poder para fijar a su voluntad los precios, como si fuesen unos emperadores. Esos burócratas lo que hacen es acabar con la producción nacional, causar desabastecimiento y destruir los empleos en el país. Ya lo dijo la ministra Edmeé Betancourt al afirmar que Venezuela va a seguir importando de todo. Eso implica liquidar a los productores nacionales para favorecer a los extranjeros y generar empleos en el exterior y que los venezolanos sean simples vendedores de productos importados. Es preocupante y da lástima que altos funcionarios hablen de que pueden bajar la inflación en medio de un aumento brutal del gasto y la liquidez, con expectativas de devaluación del bolívar y una significativa insuficiencia de la oferta nacional de bienes.
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