JOSÉ GUERRA | 21/11/2011 10:49:46 a.m.
El Dios de Monseñor Moronta
Debo decir que siempre me llamó la atención la Teología de la Liberación y su opción preferentemente por los pobres en un mundo donde hay muchos pobres
Debo decir que siempre me llamó la atención la Teología de la Liberación y su opción preferentemente por los pobres en un mundo donde hay muchos pobres. Los humildes deben ser el centro de atención tanto de la Iglesia como de las políticas públicas, pero no para manipularlos y usarlos como instrumento para la politiquería.
Fue el presidente Chávez a pagar una promesa al Cristo de La Grita por haber contribuido a su mejoría del cáncer que lo aqueja. Y allí estuvo monseñor Moronta, porque en un acto de fe de un Presidente allí debe estar la Iglesia, tal como lo afirmó en el programa dominical de José Vicente Rangel el 13 de noviembre de 2011. Dijo el prelado Moronta algo fundamental: "La Iglesia no debe ser una estructura de poder para ir contra un gobierno". Depende monseñor del tipo de gobierno, porque si es un régimen que asesina y tortura a los cristianos, la Iglesia tiene el derecho y el deber de sublevarse contra la opresión, tal como sucede en muchos países del Medio Oriente. Pero le faltó decir a monseñor que la Iglesia tampoco está para avalar, soportar, justificar o servir de intérprete a un gobierno o régimen cada vez que violenta las normas constitucionales o los derechos de la persona humana.
Las convicciones religiosas de los hombres son algo muy íntimo para que uno pueda ni deba hurgar en ellas. Pero por sus actos los conoceréis. ¿Qué Dios es este que no conoce el perdón ni tiene clemencia? ¿De cuál Dios estamos hablando, de alguien que creyendo en Dios dice que va a volver polvo cósmico a sus enemigos, es decir, a todo quien no piense como él? ¿Qué tipo de creencia en Dios se profesa cuando a gente inocente -o aun siendo culpable- se mantiene presa en condiciones inhumanas y humillantes hasta provocarle enfermedades mortales? ¿Qué Dios es este que permite que quien cree en Él llame al resto de la gente apátrida, parásito, majunche, entre otros floridos adjetivos? Eso no lo puede hacer alguien que crea en un ser trascendente y que castiga sin piedra y sin palos. Y menos todavía alguien quien sí cree de verdad en Dios, como usted, monseñor.
La Iglesia no puede ser mensajera de misivas ante el poder para abogar silenciosamente por los derechos violados de ciertas personas o situaciones que involucren el irrespeto a los derechos humanos. El supuesto servicio al pueblo o el amor al prójimo no puede ser un argumento para atropellar a quienes no se consideran pueblo, porque para Dios todos son pueblo. Monseñor Moronta, ¿será que unos son más pueblo que otros? De ser así habrá dos iglesias, una de ellas del Dios de quienes no tienen Dios.
Economista
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