El chavismo luce hoy como una fuerza agotada, anclada en el pasado. No obstante ello, conserva un respetable apoyo popular que no puede desestimarse a la hora de pensar en la estabilidad política del país.
Tiene el chavismo un conjunto de líderes populares a los cuales hay que llamar y tomar en consideración a la hora de diseñar una política social que se implante en las capas más olvidadas de la población.
Esos sectores populares a donde ha llegado el discurso y la acción del Gobierno tienen y serán tomados en cuenta para la instrumentación de una amplia y coherente política social. Pero también es importante que las fuerzas que se mueven al interior del Psuv no sean desestimadas.
Un gobierno como el que emprendería Capriles tiene que ponderar a aquellos sectores democráticos dentro del chavismo con el objeto de darle estabilidad a la nueva administración. Son conocidas las diferentes corrientes que hacen vida en el seno del partido de gobierno.
Ello comprende una gran clasificación: las fuerzas democráticas y las no democráticas. Las primeras abarcan a quienes creen en el mecanismo electoral como forma de luchar y mantener el poder político y no obstante sus desviaciones, en general, son partidarios de la democracia como forma de gobierno. El sector no democrático es aquel que suscribe la tesis de la dictadura del proletariado y todo el pasticho político e ideológico del marxismo-leninismo-estalinismo. El liderazgo del presidente Chávez ha sido tan apabullante que no ha dejado espacios para que florezcan y se expresen con legítimo o derecho un liderazgo de relevo.
El gobierno de Capriles ofrecerá todas las garantías a los sectores chavistas de un trato acorde con las reglas democráticas de las cuales Capriles puede exhibir credenciales irrefutables. Y como se trata de gobierno con una amplia vocación social, el chavismo democrático tendrá la seguridad de que el pueblo que ellos dicen representar será el principal beneficiario de la acción de gobierno.
Se les abre con ello una extraordinaria oportunidad a los venezolanos de reencontrase en medio de sus diferencias y que prevalezca la concordia sobre la confrontación. Esa oportunidad de oro no puede desaprovecharse.
Economista