Sin embargo, el desconocimiento del amparo emitido por el TSJ en el que ordenó preservar los cuadernos de votación y su negativa a reconocer los resultados electorales gane quien gane, evidencia en el sector opositor una conducta ambivalente, al dejar siempre abierta una puerta para retomar el atajo de la violencia y la ruptura del orden constitucional, tal y como hicieron el 11-A e intentaron luego con el criminal paro petrolero de diciembre de 2002 y el guarimbeo que tuvo su epicentro en la Plaza Altamira.
La estrategia de la MUD pareciera orientada a fabricarle un camuflaje a Capriles Radonski que le permita evadir la mirada escrutadora de los venezolanos respecto de las políticas restauradoras de la IV República, que aplicaría en un eventual gobierno suyo.
Intentan hacer una campaña superficial con énfasis en lo emocional, pero sin explicitar el verdadero programa de gobierno de corte neoliberal que tiene bajo la manga.
Es esa una de las razones por las que viene adoptando la táctica de escabullir la confrontación política, con el argumento de que no va a pelear con Chávez sino a dedicarse a darle "solución a los problemas", cosa que no hizo en su paso por Miranda como gobernador. Con ese maquillaje quieren tapar las prominentes verrugas que en la faz del candidato brotaron por su participación activa en los sucesos del 11-A, pretendiendo aparecer ahora como víctima del "acoso" chavista y para colmo del descaro, con un perfil de "centro izquierda".
Ante esta coartada de la oposición debe promoverse un debate nacional sobre el proyecto de país, desprovisto de descalificaciones personales, en el que se evidencien las bases programáticas del candidato opositor, para que los venezolanos puedan calibrar sus verdaderas intenciones y así develar la trampa demagógica que quieren montar a la usanza de CAP II.
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