Por décadas, se alimentó el misterio. Era una manera de mantener al planeta en vilo por cuanto no se podía saber nada de los dirigentes, sus vidas, problemas y demás aspectos. Esto tiene una explicación: está directamente relacionado con el culto a la personalidad y la creación de los mitos. Los líderes de las revoluciones no son humanos como cualquiera de nosotros; son superhombres, que dan origen al "hombre nuevo"; y en China, al "hombre de acero". Especie de "superman" comunista que aguantaba temperaturas bajo cero, mientras realizaba trabajos por y para la revolución.
¿Se lo creían ellos? Pareciera que no, por cuanto nos contaron lo siguiente. Entre las cuestiones que más molestaba a los camaradas chinos durante la revolución cultural era que, cuando les tomaban una fotografía, ellos y ellas siempre tenían que aparecer sonrientes, "como si" fueran felices. A veces, nos decía el intérprete, "uno estaba medio enfermo, enfadado o descompuesto, llegaban a tomar las fotos para la propaganda y era obligado a poner cara de alegría, no importa cómo se sintiera". Eso era una especie de gran burla. En oportunidades, tenían hambre o frío, y la cuestión se imponía.
En la casa del presidente Mao, en un salón modesto había dos fotos, de las supuestas esposas que había tenido. Yo, que había leído su biografía en Occidente, los puse en gran apuro cuando les dije tajantemente: "Eso no es así. Ha tenido cuatro esposas. Y lo peor, a una la internó en la Urss diciendo que estaba loca, para conseguir el permiso y casarse con Chian Ching". ¡La pobre! Terminó presa y, al fin, se suicidó. Decía en su descargo, por los horrores cometidos durante la revolución cultural, que ella sólo hacía lo que "el Gran Timonel" le mandaba a hacer. Nada de eso sirvió para ser perdonada. Fue juzgada con severidad y condenada a cadena perpetua.
Periodista y profesor de la UCV