Creo, a pesar de todo, que vale la pena repetir el título, de allí que le agregue el número romano. Efectivamente, si hay algo que no puedo negar, es el enorme aprendizaje que he tenido durante estos terribles años de gobierno autoritario y neocomunista. Han sido lecciones impartidas por los "maestros negativos". Será por ser hija de dos extraordinarios docentes que no puedo pasar por alto las lecciones de vida.
Así me puedo dar cuenta de que la "escuela de la vida" es fundamental. Tiene que ser asumida voluntariamente por cada uno de nosotros. De lo contrario, perdemos el tiempo y el norte. Me interesa que, nosotros los venezolanos, así como somos chéveres para muchas cosas, también lo seamos a la hora de procesar esas vivencias y de darnos cuenta de lo que hacemos, de nuestra responsabilidad y de asumir las consecuencias de nuestros actos. Enfrentaremos el 12 de febrero las primarias de la oposición para escoger el candidato de nuestra preferencia. Digo enfrentaremos porque se trata de una competencia, y hay que cuidar mucho que la competencia no sea a muerte.
Es decir, saber que cuando se compite se suspende la comunicación y el afecto, a menos que hagamos el esfuerzo conscientemente y no caigamos en ese juego peligroso. Al seleccionar a quien debe conducir al país para sacarlo de esta pesadilla infame, hay que hacerlo con el pensamiento y el corazón. No se puede volver a votar con el hígado o las vísceras. Ya hemos experimentado lo que nos ocurrió. Dicho en forma coloquial, "salimos de Guatemala y fuimos a dar a guatepeor".
Para romper aquel dicho de Nicanor Bolet Pereza, quien decía: "En Venezuela, cada nuevo presidente canoniza a su antecesor", debemos asumir esta primera elección, la del candidato con toda la seriedad que se merece ese acto. No descalificar. Atender a los méritos. Recordar que la experiencia bien puede hacer la diferencia y que se necesita una mano firme y sensata, que sea capaz de sacar al país de este barranco, en términos juveniles, al que nos ha lanzado la supuesta revolución bolivariana. En realidad, una copia de la fracasada revolución cubana, con sus miserias y corruptelas. Hay que atender a la propaganda, desmontarla y no caer en sus redes, así seremos en verdad herederos del Libertador.