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Opinión Firmas Gloria Cuenca El poder de la víctima

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GLORIA CUENCA | 18/06/2011 09:24:10 p.m.
El poder de la víctima
Hace ya tiempo que Adolfo Herrera me enseñó que las "víctimas" reales o supuestas tienen un gran poder.
En un principio no lo podía entender. Luego fui comprendiendo que "el poder de la víctima" no es otra cosa que "el poder de la enfermedad". Cuestión que está muy vinculada con "la enfermedad del poder", pero que definitivamente no son lo mismo.


Las "víctimas" pueden ser, efectivamente, víctimas, como aquellas personas que sufren un accidente o una enfermedad crónica o pasajera, y están impedidas de vivir como la mayoría de las personas. Sin embargo, hay gente que le gusta despertar sentimientos piadosos en los demás. 


Al hacerse víctimas, de alguna manera, hay quienes sienten compasión auténtica por ellos y ellas. Eso va creando una especie de adicción por estar siendo el centro de la piedad o la compasión de los demás, constantemente y de allí, a sufrir "la enfermedad del poder" hay sólo un paso.


Debemos recordar la famosa novela de Stefan Zweif: La piedad peligrosa. Se trata de asimilar que, por mucha compasión que nos genere alguien, hay procesos de manipulación muy fuertes que la víctima utiliza para someter al entorno, ya sea la familia, la gente del trabajo o la sociedad, entre otros aspectos. 


¿Cómo se explica ese poder? Siempre con un sentido de manipulación para controlar a los otros, en sus vidas o peor aún, en los sentimientos de culpa, que se generan a partir de la enfermedad, supuesta o verdadera. Además, se especula con esas situaciones para victimizar a las personas.


Por otra parte, la enfermedad del poder ha causado durante el siglo XX cualquier cantidad de horrores en la humanidad. Sobre eso mucho se ha escrito y polemizado.


Cuando se recuerda el horror del holocausto que produjo más de 6 millones de judíos muertos, sentimos dolor, indignación y rechazo. Pero, eso lo sabe todo el mundo. En cambio, al recordar que para imponer el comunismo en los países del socialismo real se habla de 100 millones de personas muertas, y todavía hay quienes siguen obcecadamente esa ideología nefasta, quedamos sorprendidos. 


Mao Tse Tung asesinó a 60 millones de personas. Lenin y Stalin, para desarrollar la revolución rusa y su ideología marxista, sacrificaron 30 millones de personas. Los que faltan para completar los 100 millones de muertos se reparten entre Corea del Norte, Vietnam, Camboya, Laos y Cuba, entre otras.
Profesora de la UCV

 
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