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Opinión Firmas Gabriela del Mar Ramírez Fabricio

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GABRIELA DEL MAR RAMÍREZ | 21/06/2012 07:02:24 p.m.
Fabricio
Hace exactamente 46 años, un 22 de junio de 1966, la prensa nacional coreaba la noticia del presunto suicidio del periodista Fabricio Ojeda en un calabozo de los Servicios de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (Sifa)
Extraño “suicidio” en el cual el protagonista se autoinfligió previamente múltiples torturas, como pudo comprobarse después, al ser entregado el cuerpo a sus familiares.

Lo anterior configura la descripción de un patrón de conducta de los gobiernos de la “democracia representativa”. Cuando por razones “logísticas” era imposible desaparecer un cadáver, se apelaba al argumento de que los presos se deprimían y, por tanto, se suicidaban. El caso es que Fabricio no era un preso nada común. Presidente de la Junta Patriótica que derrocó la dictadura de Pérez Jiménez, luego diputado del Congreso Nacional, presentó su carta de renuncia el 30 de junio de 1962. Supremo acto de dignidad con el cual Fabricio rompía definitivamente con un régimen que, si bien enarbolaba las banderas de la democracia, los derechos humanos y la libertad, en la práctica utilizó –e incluso llegó a superar en crueldad– los mismos métodos represivos de la brutal dictadura que hacía poco había padecido Venezuela: detenciones arbitrarias, secuestros, torturas, asesinatos selectivos, masacres y desapariciones.

Los símbolos, como los ideales y las utopías, representan imágenes realizables de lo que la humanidad debería ser. Fabricio, símbolo e insignia de la resistencia contra la dictadura perezjimenista; luego emblema de la lucha contra ese otro régimen opresor disfrazado de democracia que violó sistemáticamente los derechos humanos, constituye un ejemplo de virtud en el cual los venezolanos y venezolanas de este tiempo deberían reflejarse, como él mismo vaticinó: “Si muero, no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y deber de todo nuestro pueblo”.

Cuando se cumple un nuevo aniversario de su vil asesinato, elevamos el clamor silencioso de todos aquellos que, al igual que Fabricio, fueron asesinados por razones políticas durante esos 40 años de oprobio. De aquellos que todavía claman justicia. Porque la memoria no es un simple ejercicio mental. Sin memoria, no hay ni habrá jamás justicia.

Defensora del Pueblo

 
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