El acto se llevó a cabo en el Palacio de las Academias y tuve el honor de ser orador de orden, tarea que cumplí con profunda satisfacción, porque el doctor Caldera fue mi maestro en la cátedra universitaria y también fuera de ella, sin que hubiese en ese respetable magisterio absolutamente afiliación ni motivación política alguna, como no la hubo en el discurso que gustosamente pronuncié y algunos de cuyos señalamientos reproduzco en estas líneas.
En esas palabras comencé haciendo un breve recorrido por la notable trayectoria intelectual juvenil de Caldera, cuya tesis de grado para terminar sus estudios jurídicos en nuestra Universidad Central fue, en realidad, un verdadero y brillante tratado de Derecho del Trabajo, premiado con una "distinción especial" por el jurado examinador. Ello ocurrió en 1939, cuando Rafael Caldera tenía 23 años de edad. Esa tesis de grado constituye, desde hace más de medio siglo, a través de innumerables ediciones impresas en buena parte del mundo, un verdadero clásico de la bibliografía universal sobre el Derecho del Trabajo.
Ya el joven autor ofrecía la creación de una obra anterior escrita virtualmente en plena adolescencia, que había sido premiada por la Academia Venezolana de la Lengua en un concurso internacional promovido por nuestra ilustre corporación académica. Se trata de un magnífico y ya también clásico estudio biográfico sobre Don Andrés Bello, que ha merecido encendidos elogios de escritores bellistas consagrados. El fervor bellista llevó a Caldera a presidir, años después, la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello, y como Presidente de la República a decretar la creación de "La Casa de Bello".
Su vida política absorbente impidió que Caldera prosiguiese su extraordinaria obra escrita. Sólo Moldes para la fragua, un libro suyo que ha merecido tres ediciones. La mayoría de los textos de esta obra son excelentes discursos. Publicó artículos de prensa. Los últimos bajo el título Reflexiones de Tinajero.
Abogado / Dr. en Derecho