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Opinión Firmas Elio Gómez Grillo La figura de Vargas

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ELIO GÓMEZ GRILLO | 05/04/2011 09:59:56 p.m.
La figura de Vargas
Ahora que se están cumpliendo los primeros 225 años del nacimiento del eximio prócer civil venezolano José María Vargas (10/3/1786 - 13/7/1854), se ha revivido en el país el merecido culto a su nombre. Lo cierto es que, posiblemente, sea nuestro egregio sabio guaireño la figura pública civil más enaltecida en la historia patria.
Ahora que se están cumpliendo los primeros 225 años del nacimiento del eximio prócer civil venezolano José María Vargas (10/3/1786 - 13/7/1854), se ha revivido en el país el merecido culto a su nombre. Lo cierto es que, posiblemente, sea nuestro egregio sabio guaireño la figura pública civil más enaltecida en la historia patria.

Lo dijo en otras palabras el médico y escritor Laureano Villanueva (1840-1912), quien fue rector de la Universidad Central de Venezuela en 1905 y biógrafo de Vargas, sobre quien escribió: "Si para crear la patria deparó Dios a Bolívar, para civilizarla en la era de la paz, le envió a Vargas, modelado para apóstol y reformador". Lo que ratifica otro ilustre compatriota, también médico, además de historiador y diplomático, Diego Carbonell (1884-1945), rector de la Universidad de Los Andes entre 1917 y 1921 y rector de la UCV entre 1926 y 1930. Dejó escrito que Vargas "ofreció todo su amor de patriota a la santa causa de la instrucción; se desposó en espíritu con la ciencia y a su sombra prosperó el viejo claustro tan fecundo y tan noble. Y cuando ya envejecido -añade- y sin esperanzas de recobrar sus augustas actividades de sabio y de maestro, como si se tratara de un ser querido, personificó en la Universidad de Caracas al sujeto de sus amores, y a ella legó lo más primoroso de sus pertenencias".

En efecto. A su Universidad Central, de la cual José María Vargas había sido rector y en cierta forma su padre creador, Vargas legó, por testamento, su biblioteca, sus mapas, sus colecciones minerales y geológicas, sus preparaciones anatómicas, sus instrumentos de trabajo, sus laboratorios… 
Y legó, además, dos casas para que, con los bienes que ellas produjeran, fuesen creados y costeados tres premios anuales universitarios que deberían otorgarse a los mejores trabajos científicos presentados.

Y por si fuese poco, a ese testamento, agrega posteriormente: "… es mi última voluntad que mis dos amigos, señores Juan Bautista Purroy y Elíseo Acosta, se encarguen de mi funeral y de la sepultura de mi cadáver, para ilustrar las causas de una enfermedad rara en beneficio de la humanidad".

Doctor en Derecho / profesor universitario

 
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