El cronista de la colonia, Juan de Castellanos (1522-1607) dejó escrito: “Fundó ciudad, según común uso, en parte rasa, limpia de arboleda, y Santiago de León le puso”. Al cabo de cinco años, sólo permanecían en Santiago de León 18 habitantes fundadores y 100 años después, en 1667, continúa siendo una pobre aldea de
3 mil habitantes.
La primera referencia histórica hermosa y lisonjera que suele mencionarse sobre Caracas es de otro clásico cronista de la colonia, José Oviedo y Baños, quien en 1723 escribió: “En un hermoso valle, tan fértil como alegre y tan ameno como deleitable, tiene su situación la ciudad de Caracas en un temperamento del cielo que sin competencia es el mejor de cuantos tiene la América, pues además de ser muy saludable, parece que la escogió la primavera para su habitación continua, pues en igual templanza todo el año, ni el frío molesta, ni el calor enfada, ni los bochornos del estío fatigan, ni los rigores del invierno afligen”.
Bautizada como Santiago de León en su fundación, el nombre de Caracas que se le añadió, y que es el que ha permanecido, parece haberse originado en el hecho de que los indígenas nativos habían llamado la región con el nombre de una planta abundante en su tierra llamada bledo o pira, que el sabio Alejandro de Humboldt designó como amaranto y que, en sus anotaciones, Humboldt y su compañero Bompland la bautizaron científicamente con dos denominaciones: Amaranthus carasanues y Alternanthera caracasana. Este último apelativo, al parecer, se mantuvo en la provincia y produjo el nacimiento de la palabra caracas, e incluso hasta a los indígenas asentados en ese territorio se los llamó tribus de los Caracas.
Doctor en Derecho
Profesor universitario