En su libro, Losada Aldana vincula, con sobrada razón, a Martí con nuestro Libertador. “Bolívar -exclama y proclama Martí-, este Alejandro de la libertad… Bolívar, un Júpiter… Ni en Temístocles, ni en Pisístrato, ni en César, ni en el astuto Napoleón, ni en el honrado Washington, halla alguno a Bolívar semejante… brilla eterno: por entre todos los capitanes americanos resplandece Bolívar… apenas si se encuentran en las edades homéricas y catonianas su atrevimiento, su resplandor y sus virtudes”. (p.76).
En la Revista Venezolana, que Martí fundó en Caracas en 1881, dejó escrito el genio e ingenio martianos aquello de que “hacer es la mejor manera de decir”, y vincula ese hacer a las virtudes bolivarianas cuando dice: “A Bolívar nadie lo vio quieto, ni él lo estuvo jamás… ¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquél que no vivió jamás en ella: de Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y truenos, o con un manojo de pueblos libres en el puño y la tiranía descabezada a los pies” (p. 74). Losada Aldana considera que “El cubano máximo percibió la herencia de Bolívar como un mandato categórico de lucha contra el imperialismo (“la nueva codicia”) y sus aliadas, las oligarquías internas (“el terco espíritu viejo”) (p.77). Y añade: “Martí es inagotable. Nadie puede dudar de su puesto de primera línea en la literatura mundial” (p.126).
La vida grandiosa de José Martí culmina heroicamente en el campo de batalla, combatiendo por la independencia de su Cuba amada. En una carta que le escribe a su amigo mexicano Manuel Mercado, le dice: “Yo estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país”. Al día siguiente, el 19 de mayo de 1895, cae en la batalla librada contra las fuerzas españolas en el paraje cubano de Dos Ríos. Losada Aldana, en su elegía, lo considera “…el Bolívar de Cuba y de todos los ríos que hoy recorren, como crecidas aguas redentoras, toda la trepidante inmensidad latinoamericana y caribeña” (p. 81).
Dr. Derecho / Prof. Universitario