La reacción de ese sector, de sus dirigentes, los mismos que planificaron y ejecutaron la aventura en las fechas señaladas, no podía ser otra.
Auspiciaron el atentado contra el orden constitucional los saldos del puntofijismo partidista, empresarios, jerarcas de la Iglesia católica, dueños de medios, militares traidores y aventureros de todo tipo, que sólo disfrutaron su logro por pocas horas. Sin embargo, niegan el comportamiento que tuvieron o lo asumen con hipocresía. Pero el ojo implacable de las cámaras fotográficas y de la televisión los captó para la historia en medio de la euforia que los invadió en el esperpéntico evento realizado en Miraflores para firmar el decreto de disolución de los poderes públicos y aclamar al usurpador Pedro Carmona.
2 ¿Qué pretendía la oposición en este mes aniversario? ¿Que el pueblo venezolano no celebrara la recuperación de las instituciones, el restablecimiento de la democracia, el retorno al poder del presidente legítimo? Sin duda que la desvergüenza tiene muchas maneras de expresarse, pero en política la más abyecta es tratar de cubrir la indignidad con el manto del cinismo. El liderazgo de la oposición el mismo que tramó y dirigió la aventura de hace 10 años– se obstina, abierta o solapadamente, en negar su grave responsabilidad en lo sucedido. Bien alegando con descaro que no hubo golpe de Estado el 11-A, o esgrimiendo el argumento de que el propósito de los golpistas consistía en preservar la Constitución del 99, contra la cual votaron cuando se aprobó y luego fue abolida por ellos mismos en aquella fecha oprobiosa.
3 Los voceros de la oposición, en particular los más comprometidos con la felonía, los más agresivos, los que ocupaban cargos de elección popular, cuestionan la conmemoración de la victoria con el peregrino argumento de que divide al país. ¿Acaso no fueron ellos los que a través de la violencia, al derrocar un gobierno legítimo, abrieron el abismo entre los defensores de la legalidad constitucional y democrática, por un lado, y, por otro, los usurpadores? Esa acción, planificada en detalle, estuvo a punto de desencadenar la guerra civil, probablemente el pretexto que buscaban para disfrazar la derrota. Y está la campaña sobre la impunidad, impulsada por un diario que fue factor clave en los sucesos de hace 10 años, mentor ideológico y orientador con sus titulares de la movilización golpista cuyos argumentos repite el candidato de la derecha, con la cual se quiere confundir a la opinión pública. Esta campaña, venenosa como todas la que provienen de esa fuente, atribuye la impunidad al gobierno nacional para favorecer a los responsables de hechos de sangre y del atentado contra las instituciones. Pero se necesita ser bien caradura para razonar de tal forma, ya que es sabido que la impunidad ha beneficiado, precisamente, a los golpistas, a los militares traidores y a dirigentes civiles incursos en graves delitos contra el Estado de derecho. Por tanto, hablar de impunidad equivale a elaborar un retrato hablado del hombre de la escalera.
4 En concreto: a diez años del 11-A la oposición ratifica su pasado. En nada ha cambiado. Mantiene el mismo discurso. Maneja las mismas ideas. Su desprecio por la Constitución. Por la verdad. Por las instituciones. De las que hiciera gala aquel día. Cuando uno oye a sus voceros reinvindicar la fechoría; cuando los observa desafiando elementales principios cívicos, montados en el mismo tsunami de odio, llega a la conclusión de que pasarán muchos años sin que Venezuela tenga una oposición responsable, democrática, confiable. Y lo que es peor: si esa oposición, la actual repito, la misma del 11-A y de otras aventuras, cuya praxis consiste en asumir la política como “conspiración permanente al servicio de las peores causas”, volviese al gobierno, Venezuela se hundiría en una crisis de proporciones colosales.
Laberinto
Sobre la apología que voceros de la oposición hicieron durante este mes sobre el carácter “cívico” de la marcha del 11-A de 2002, hay que decir que esta fue planificada para desencadenar el golpe. Parte de la masa opositora no tenía como meta derrocar al gobierno. Lo demuestra que sólo una minoría atendió las irresponsables exhortaciones de Ortega, Carmona, Lameda, Molina y otros de ir a Miraflores. La demencial temeridad de aquella orden fue determinante en el desenlace sangriento, y es clave a la hora de fijar la responsabilidad en lo ocurrido…
¿Por qué esa orden?
Porque el objetivo era lanzar la marcha sobre Palacio donde se hallaba el presidente. La acción fue concebida por los operadores del golpe calculando que el asalto a la sede del Ejecutivo entrañaba la posibilidad de eliminar físicamente a Chávez. En otras palabras, lincharlo…
Por eso recomiendo la lectura del libro del escritor boliviano Augusto Céspedes, El Presidente Colgado, que narra el abominable episodio en el que una turba instigada por la “rosca” - escualidismo boliviano, los “barones del estaño” y medios de comunicación, asaltó el Palacio Quemado -21 de julio de 1946-, golpeó y humilló al presidente, el comandante Gualberto Villarroel, héroe de la guerra del Chaco, representante del nacionalismo revolucionario, lanzó su cuerpo por un balcón y lo colgó de un farol en la Plaza Murillo…
Es probable que la derecha venezolana desconozca la ignominiosa historia, porque su universo cultural es limitado, pero seguro que sí la conocen los órganos de inteligencia de EEUU que participaron en el magnicidio, al igual que en el golpe, donde murió Allende y en la frustrada experiencia venezolana de hace 10 años, cuando la Misión Militar de USA y la CIA jugaron papel decisivo…
El vientre podrido de Europa ha parido aberrantes políticas, aquellas que alimentaron el nazifascismo, el antisemitismo, el franquismo, el colonialismo, y ahora alientan reacciones primitivas contra los inmigrantes y desmantelan la seguridad social. La visión colonial aún impera en su comportamiento, el mismo de la época en que se repartieron África para cometer actos inhumanos como los del monarca belga Leopoldo Segundo -en el Congo-, que Vargas Llosa narra en El Sueño del Celta, que provocó el genocidio de 10 millones de nativos, hasta la última: la insolente actitud del gobierno español ante la decisión soberana de Argentina de rescatar YCP –empresa privatizada por el gobierno de Menem, hoy en manos de la española Repsol, que incumple el compromiso de invertir y extrae grandes ganancias–, amenazando con bloquear los productos argentinos con la solidaridad de la Unión Europea. El diario argentino Página 12 respondió titulando: “Colón Vive”…
Una de Obama: “queremos ver elecciones libres en Venezuela”. ¿Le parece poco una por año?...
Capriles promete una justicia que funcione. Pregunta: ¿como la que _le aplicó a Rodríguez Chacín _el 12 de abril de 2002?...
En medio de la crisis económica y social que afecta a España, el Rey Juan Carlos se fue a África a matar elefantes. Un hecho repudiable, pero revelador de un avance: antes los monarcas mataban indios…
Caso Aponte: un vómito putrefacto. Igual que la reacción de la oposición. En próxima columna analizaré sus claves y propósito desestabilizador.
jvrangelv@yahoo.es