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Opinión Firmas El Espejo | José Vicente Rangel Escuchar (o no) consejos

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EL ESPEJO | JOSÉ VICENTE RANGEL | 21/05/2012 10:02:51 a.m.
Escuchar (o no) consejos
En el refranero popular venezolano destaca, a la hora de hacer recomendaciones "preñadas de buenas intenciones" -como lo consagró para la historia el fallo de los magistrados que sentenciaron que el 11-A no fue un golpe de Estado- que hay que escuchar consejos si se quiere llegar a viejo
1 En el refranero popular venezolano destaca, a la hora de hacer recomendaciones "preñadas de buenas intenciones" -como lo consagró para la historia el fallo de los magistrados que sentenciaron que el 11-A no fue un golpe de Estado- que hay que escuchar consejos si se quiere llegar a viejo. O sea, tener capacidad para atender recomendaciones. Pero generalmente no es así. A menudo los consejos entran por un oído y salen por el otro, sin el efecto beneficioso que persiguen quienes los dan. Apelo a este recurso coloquial porque en las actuales circunstancias es recomendable que la oposición reflexione sobre la conveniencia de escuchar voces que expresan preocupación por lo que le pasa al sector. Voces críticas, pero bien intencionadas. Que, inclusive, consideran que el país necesita de una oposición fuerte, coherente, que actúe como contrapeso del gobierno y sea una opción confiable. No hay trampa por parte de los que mantienen esa actitud. Al contrario, existe una legítima inquietud, fundada en lo siguiente: si se mantienen las tendencias que revelan las encuestas -todas, sin excepción-, y lo que se percibe en la calle, la oposición será derrotada de manera abrumadora el 7 de octubre. Lo cual no es bueno para el desarrollo democrático de Venezuela. Esta afirmación podrán no creerla los dirigentes de la oposición. Pensarán que se trata de una maniobra destinada a sembrar confusión y pesimismo en sus filas. Mas no es así. Se inspira en el deseo sincero de que el proceso bolivariano se oxigene con la crítica responsable de una oposición que, ¡por fin!, rompió con la visión regresiva, reaccionaria, que la condujo a la aventura del 11-A y al sabotaje petrolero. Entre otras muchas.

2 El domingo 13 de este mes entrevisté en mi programa de Televen al presidente de la encuestadora Hinterlaces, Oscar Schemel, quien le dio un tratamiento excepcional al tema de las encuestas, reivindicó su valor como instrumentos de medición de la opinión pública -sin sacralizarlas-, y fue más allá: abordó el desarrollo de la campaña electoral a partir de la holgada ventaja de Chávez sobre Capriles y el porqué de lo que ocurre. No repetiré lo dicho por Schemel en la entrevista, por cierto, muy comentada en círculos políticos.
Tan sólo me referiré a lo que juzgo esencial en su exposición: Que el problema de la candidatura de oposición no es propiamente Capriles, quien más allá de sus limitaciones cumple con su cometido; ni el discurso que emplea, sino lo que significa una propuesta desfasada que no encaja con lo que hoy es Venezuela. Que las ideas que maneja son de otra época. Que están desconectadas de los cambios producidos en la mente del venezolano a partir, no del ascenso de Chávez a la presidencia en el 99, sino del Caracazo. Del despertar de la conciencia colectiva a partir de esa fecha trágica y la conformación de una nueva identidad popular. Porque es ahí donde está la clave de todo. De cuanto pasa ahora. La explicación a lo inexplicable. Es decir, que después de 13 años de proceso bolivariano y de Chávez en Miraflores, sometido a brutales campañas de descrédito, a ataques despiadados, a golpes de Estado, desestabilización, y a desaciertos propios, a la hora de encarar otro desafío electoral, duplique, o triplique, al contendor y a los sectores que lo siguen. ¿Fenómeno, milagro? Nada de eso: realidad. Porque el discurso opositor no recoge los cambios del país. Porque subestima a Chávez. Porque singulariza el odio contra él. Porque hasta el manejo de su enfermedad confirma el desconocimiento de lo que es el sentido humano del pueblo y su inquebrantable lealtad.

3 Por último, en la referida entrevista Schemel se mostró crítico de la gestión del gobierno y enfatizó que la oposición, en vez de cuestionarla a fondo, se prodiga en generalizaciones y ataques sin fundamento. Insistió en la necesidad de que el país cuente con una oposición responsable y ofreció algunas recomendaciones para que ésta modifique su accionar y asuma posiciones que pudieran mejorar su situación actual. ¿Consejos? Sí, bien intencionados. Pero como siempre, la respuesta ha sido el calificativo de "vendido al gobierno" y la amenaza personal. Lamentablemente no escuchan consejos.

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LABERINTO

Tanto Leopoldo López como Enrique Capriles metieron a Álvaro Uribe en la política venezolana y ahora son prisioneros de ese error. Lo hicieron por inmaduros, y con segundas intenciones. Inmaduros porque lo son. Los actos en los cuales incurrieron hace diez años, cuando extremaron su participación en el golpe del 11 de abril, lo evidenció. Y el tiempo transcurrido no sirvió para que maduraran. Porque la verdad es que constituye un insólito rasgo de ingenuidad relacionarse, políticamente, con una cuaima como el expresidente colombiano, experto en todo tipo de violencia, con un cementerio sobre sus espaldas; inmoral sin límites; ideólogo-fundador de los paramilitares; artífice de la parapolítica; con buena parte de sus excolaboradores procesados o presos. En fin, un personaje con el que se necesita ser bien pendejo para asociarse…

¿Cuáles son las segundas intenciones que explican el paso dado por ambos dirigentes de la derecha venezolana? Billete y lobby. Uribe dispone de ambos recursos. Cuenta con dinero -bien o mal habido- y poderosos apoyos en Colombia, EEUU y Europa. Tal posibilidad tiene un atractivo avasallador en gente inescrupulosa. Capriles y López creyeron en la posibilidad de hacer arreglos con el diablo sin chamuscarse. Pero Uribe no es de los que se dejan utilizar. Es experto en todo lo contrario: en manipular a los demás. Por eso cuando Capriles le reclama que no se meta en la política venezolana, de inmediato responde que lo seguirá haciendo. Y lo cierto es que no fue él quien se metió en la política del país, sino que ellos lo metieron y nada lo apartará de ese objetivo…

¿Por qué? Porque Uribe necesita esa motivación para disparar, más que contra Chávez, contra su verdadero adversario de hoy: el presidente Santos, quien con su estilo calmado, sesgado, cachaco, que contrasta con la desbordante vehemencia del paisa, es capaz de meterlo tras las rejas -si se descuida- como ya lo logró con parte de los colaboradores del expresidente…

Todas las encuestas -así como el sentimiento que se capta en la calle- le siguen dando amplia ventaja a Chávez sobre Capriles. Los intentos por cambiar la realidad con "encuestas de maletín", han fracasado por burdos. Hasta los medios financieros internacionales confirman la tendencia favorable al presidente. Un reciente informe del Bank of America Merrill Lynch señala que "el alto nivel de apoyo electoral que tiene Chávez restringe las posibilidades de un cambio y hace improbable un triunfo opositor en las elecciones del 7 de octubre". ¿Qué hará la cúpula opositora? ¿Cambiar de candidato o de discurso? ¿O de ambos a la vez? Algunos se muestran impacientes, otros angustiados, y hay un grupo partidario de desenterrar los hierros abrileños…

Hay dirigentes bien ociosos en el mundo de la oposición. Ejemplo: aquellos que están empeñados en crear una matriz sobre la presunta intención del gobierno y el chavismo de suspender o aplazar las elecciones. La ventaja de Chávez sobre su adversario, aconsejaría más bien lo contrario: anticiparlas. Pero nadie está pensando en cambiar la fecha del 7-O, fijada por el CNE…

Millones de manifestantes han protestado en el mundo contra las políticas neoliberales. La consigna de los Indignados europeos fue: "No es la crisis, es el capitalismo". Por estos lados se piensa igual…

Pastor Maldonado terminó de desestabilizar a la MUD.


 
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