CÉSAR VILLARROEL | 20/08/2012 10:22:22 p.m.
Populismo vs trabajo
En los regímenes populistas la pobreza es concebida como carta de crédito que se presenta al Estado para que cancele la deuda social que aquél contrajo con los sectores menos favorecidos, pero que pretende pagarse con políticas que, paradójicamente, en vez de saldarla, la mantiene e incrementa, pues reparte a los pobres dádivas y canonjías que exigen un mínimo esfuerzo, y a veces ninguno, es decir, sin trabajar; de este modo, se le escamotea al pobre el medio más idóneo para salir de la pobreza y, además, lo transforma de acreedor social en deudor del Gobierno, supuesto propietario de los bienes repartidos.
En los regímenes populistas la pobreza es concebida como carta de crédito que se presenta al Estado para que cancele la deuda social que aquél contrajo con los sectores menos favorecidos, pero que pretende pagarse con políticas que, paradójicamente, en vez de saldarla, la mantiene e incrementa, pues reparte a los pobres dádivas y canonjías que exigen un mínimo esfuerzo, y a veces ninguno, es decir, sin trabajar; de este modo, se le escamotea al pobre el medio más idóneo para salir de la pobreza y, además, lo transforma de acreedor social en deudor del Gobierno, supuesto propietario de los bienes repartidos.
Conviene precisar que la dádiva es algo que se otorga gratuitamente sin considerar la cuantía y valor de lo dado; cubre desde la limosna que se da al hambriento hasta las millonarias coimas que disfrutan los corruptos; y el trabajo no se reduce a ser empleado de otro o de sí mismo, sino lograr que la actividad sea productiva, es decir, que el esfuerzo desplegado sea pertinente a la calidad del bien (productos y/o servicios) alcanzado, ya sea que se considere el trabajo del obrero, así como el del intelectual más encumbrado.
Lo breve del espacio limita el análisis pero permite ejemplificar; el gobierno chavista es un buen prototipo de un régimen ortodoxamente populista: no sólo instituyó la dádiva como única fuente de progreso sino que le ha declarado la guerra a cualquier actividad productiva, al trabajo y al trabajador. Se “benefician” del reparto populista los admitidos como pobres, los que “gerencian” la administración pública y la camarilla que rodea al líder; ¿y qué tienen en común? No trabajan (en el sentido antes expresado) y no producen bienes y servicios de calidad. Están ahí por ser pobres, la calidad no cuenta.
En la próxima contienda electoral hay que denunciar y atacar la dádiva populista aunque se disfrace de misiones. La eficiencia de aquéllas es su temporalidad, mantenerlas es incongruente porque éstas llegan a tener éxito el día que desaparecen, su necesidad no puede ser permanente porque evidenciaría la ineficiencia del sistema; “…lo que hay que dar es un modo / de no tener demasiado / y un modo de que otros tengan / su modo de tener algo, / trabajo es lo que hay que dar / y su valor al trabajo…”
(Andrés Eloy Blanco, Giraluna).
Profesor de la UCV