El chiste viene a cuento porque la organización de la fiesta opositora del 7-O se encomendó a la MUD, la cual, al igual que el morrocoy, no se da por enterada o no ha concientizado la importancia y premura del encargo. Durante las primarias se privilegió la consigna de la “última oportunidad” para rescatar la democracia y evitar la instauración del “comunismo” cubano, y los electores respondimos; pero para la elección del 7-O se nos hace creer que es la última oportunidad para negociar con el Gobierno (una realidad según “rumores.com”); de ahí que suframos de “transicionitis” aguda.
Por eso la tímida reacción de la MUD frente a la inmoralidad judicial y la entrega de soberanía y recursos a Cuba porque, para el Gobierno, son temas no negociables. Entonces, ¿qué sería lo negociable? En un alarde especulativo, podría ser la legitimación de la fórmula escogida por el Gobierno (postergación o suspensión de elecciones, nombramiento de un sucesor, u otras) para enfrentar una posible ausencia del Presidente; en todo caso, la negociación del Gobierno implicará, siempre, la preservación del proceso chavista, es decir, su irreversibilidad (Adán, dixit).
Si la oposición anda en esos bretes, debería concentrar todo su esfuerzo en evidenciar el apoyo electoral que dice tener; de otro modo, negociará en condiciones muy desventajosas, porque su principal fortaleza (la Venezuela no chavista) no ha sido tomada en cuenta y, además, porque su interlocutor está dispuesto a mantener este régimen por las buenas o por las malas, lo que compromete el resultado de la negociación.
En todo acuerdo las partes deben “tener algo” para negociar; actualmente la oposición carece de ese “algo” o no lo exhibe, y en política se aplica plenamente el adagio latino: La mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo. ¿Será que la oposición pudiera hacer algo para convencernos de que quiere derrotar a Chávez?
Profesor de la UCV