Ha transformado el estereotipo infantil; de un niño inquieto, hiperactivo, amante de la calle, el sol y la lluvia; cuyos espacios cerrados eran prisiones que tenían que padecer por imperativo de alguna enfermedad o el castigo de los mayores.
Por contraste, la generación Nintendo nos ofrece un niño taciturno, individualista, encuevado, que no disfruta del sol ni de la compañía de los otros; en suma, un ermitaño precoz que consume la mayor parte del tiempo aferrado a una maquinita que prende al levantarse, la usa en todo el recorrido hacia el colegio, la apaga al entrar al aula, la vuelve a prender en el primer descuido de la maestra, y luego, sin tapujo, durante el receso y el regreso a casa.
El juego cuenta con el respaldo de los padres. La pasividad del niño les permite trabajar cerca de él tranquilamente porque siempre sabrá dónde está, pues su desplazamiento es virtual, y sin molestar porque su actuación es silenciosa (excepto cuando alguno de los "malos" es ametrallado). Útil en el restaurante, el niño ignora a su familia y a los otros comensales mientras atiende (como puede) al Nintendo, los espaguetis o la pizza sin causar estragos, derrama menos agua, jugo y bebidas alcohólicas de los mayores.
Pero contribuye a una formación egoísta, no sociable, como recrimina Andrés Eloy: "Bruto y amado del mundo/ te prefiero a solo y sabio". Puede restarle interés a las actividades escolares, restringe la capacidad del niño para adaptarse socialmente y, desde el punto de vista de la salud física, hay quien opina que la falta de ejercicio y la dieta rica en carbohidratos propicia la obesidad infantil.
Los padres tienen una gran responsabilidad en la solución del problema, por su condición de tales y porque muchos de ellos usan y abusan del juego; pero también son responsables las instituciones escolares y los investigadores de las instituciones formadoras de docentes. Este es un problema que debería ser abordado por el Estado docente (Gobierno, instituciones educativas y comunidades educativas). Los niños de ayer también sufrimos adicciones similares, pero nunca frente a adversarios tan poderosos como la tecnología y la voracidad capitalista.
Profesor de la UCV