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Opinión Firmas Bruno Renaud La Tortura: el horror

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BRUNO RENAUD | 22/06/2012 07:34:34 p.m.
La Tortura: el horror
Hace pocos días, pudimos leer en la prensa el relato de las torturas de Dilma Rousseff, actual Presidenta de Brasil
Ella conoció largas sesiones de electrochoques durante los tres años que pasó detenida, hace cuarenta años, durante la última dictadura brasileña. “Amarrada a un palo, cabeza abajo, me aplicaban electricidad. Golpes de toda índole, y técnicas de tortura psicológica como simulacros de fusilamiento. El estrés es feroz, inimaginable. Descubrí, por primera vez, que estaba sola. Encaré la muerte”. Tenía entonces 23 años. Lo reconoce: hasta el día de hoy, la Presidenta de Brasil, Jefa de Estado, Jefa de las Fuerzas Armadas de su gran país, no ha podido liberarse del sufrimiento intenso que, largos años después, sigue haciendo meollo en la memoria de su cuerpo físico y espiritual…
La tortura, es el horror desnudo. Los cristianos tienen por héroe muy especial a alguien que sufrió castigos que nos cuesta imaginar. La famosa película de Mel Gibson, que algunos estimaron intolerable a ver, poco revela de la violentísima tortura sufrida por Cristo el Señor. Uno piensa, por igual, al sadismo innombrable practicado por los paramilitares colombianos: desollar, despedazar, destripar, empalar… La historia de los suplicios medievales o de la conquista española nos habla de cosas parecidas. ¿Tendrá algún límite el salvajismo humano desatado?... ¿Quién escribirá la historia secreta de los sufrimientos indecibles que abrigan tantísimas cárceles de países llamados civilizados?
Hoy en día, los moralistas le confieren gran importancia a la dignidad humana. Con razón. Por eso, se resisten a justificar la tortura. Salvo George Bush, que de moralista no tiene nada, pero fue presidente de un país que se confirió a sí mismo vocación de moralista mundial. La tortura para fines políticos es, en realidad, una agresión inaceptable: el verdugo busca ante todo cómo quebrar la dignidad de su víctima, causándole sufrimientos insoportables, destruyéndolo por dentro hasta aniquilar su voluntad… Pero el verdugo también se destruye a sí mismo como persona: ¿qué le queda de humanidad?

La semana entrante, celebramos el día internacional de apoyo a las víctimas de la tortura. 

Sacerdote

 
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