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Opinión Firmas Bruno Renaud Amor político

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BRUNO RENAUD | 03/08/2012 07:19:25 p.m.
Amor político
Contradiciendo el dicho que pretende alabar a quien va “de la casa al trabajo, y del trabajo a la casa”, sin inmiscuirse en ningún problema colectivo, es necesario afirmar que la fe religiosa, lejos de alejarnos de los demás, exige participación en lo político.
 “Una religión bien entendida”, decía monseñor Romero (+1980), “conduce a los compromisos políticos y tiene que crear conflictos en un país donde impera la injusticia social”. 

O también, dicho con palabras del mismo pastor salvadoreño mártir: se trata de “defender lo mínimo, que es el máximo don de Dios: la vida”. Ese amor político supone, en especial, tener “entrañas de misericordia” ante el dolor de quienes sufren por falta de trabajo, vivienda, recursos vitales. Busca también eficacia no sólo personal sino institucional. No sólo para erradicar la pobreza material, sino para borrar la indignidad de la que son víctimas los que no tienen vida en plenitud.

El amor político es un ingrediente fundamental, creemos, del compromiso social. Significa solidaridad sincera para con los 
más necesitados y denuncia de los factores que les aplastan. 

Puede costar caro. ¿Cuántos dirigentes agrarios no han muerto mártires, en su grito por la justicia, en el campo venezolano? La búsqueda de justicia levanta la persecución. 

Dura realidad de quien lucha por la paz, por la justicia de Dios, del Dios presente en el hermano. Así fue la muerte de Jesús, el justo por excelencia.

Hoy en día, dadas las circunstancias políticas del mundo globalizado y la violencia de la muerte impuesta, el amor pasa frecuentemente por lo político. Política fue la santidad de grandes líderes religiosos – así Martin Luther King –, pero también de colectividades de pobres, de pueblos enteros aniquilados o martirizados. “Pueblos crucificados”, como decía Ignacio Ellacuría, otro religioso mártir (+1989).

A la Iglesia romana no le suelen gustar estos ejemplos de santidad política y crítica. ¡Prefiere ella modelos más desencarnados que “seglares”! Lleno de humor, el inolvidable obispo brasileño Helder Câmara contaba: “Cuando le doy pan a un pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto: ¿Por qué es pobre ese hombre?, dicen que soy comunista”…

Sacerdote de Petare

 
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