Para gobernar de esa manera lo conveniente y apropiado resulta constituir una monarquía absoluta donde los deseos del soberano se conviertan en leyes y al que no le gusten que se calle o se largue bien lejos.
En el mundo quedan pocos mandatarios por ese estilo. Uno de ellos gobierna en Corea y tiene su bomba atómica, por lo que las grandes potencias se hacen las pendejas frente a sus excentricidades, no vaya a ser que se ofenda y se ponga respondón.
Casi todas las monarquías restantes son atractivos turísticos, con un gobierno parlamentario de poderes limitados y un jefe de Estado para vistosas ceremonias protocolares.
Paradójicamente los presidentes mandan mucho más que dichos reyes, aunque los regímenes presidenciales distan mucho de ser homogéneos.
Si a ver vamos, el supuesto mandatario más poderoso del mundo, el Presidente de EEUU, al menos en el caso actual, cada día pierde más poder ante senadores y representantes (diputados). La cosa es tan apabullante que ni siquiera pudo cerrar la cárcel de Guantánamo. Si se trata del "lobby" proisraelí, es una espada de dos filos que corta cabezas demócratas o republicanas, según le provoque, e inclina la balanza electoral de manera decisiva.
Si lo comparamos con el gobernante gringo, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela le lleva una morena y su influencia en lo interno solo sería similar a la de Franklin Delano Roosevelt, electo y reelecto para 4 períodos.
En definitiva, Chávez tiene la sartén por el mango, es el pitcher, cuarto bate y dueño del equipo. Seguirá ganando elecciones mientras tenga un hálito de vida y quiera permanecer en Miraflores.
El pelo en la sopa es que por lo visto le ocultan o no percibe muchas fallas del gobierno, nadie le discute una orden inconveniente y no tiene un pitcher de relevo para cuando se le canse el brazo.
Él debe saber que en las grandes ligas no existen equipos que dependan de un solo jugador.
augusther@cantv.net