ASALIA VENEGAS S. | 19/10/2011 08:51:06 p.m.
Las plataformas mediáticas comerciales en Venezuela están tan disociadas que no dan ni una palomita a nuestros logros en el deporte y menos al arte que sea crítico o que enaltezca a nuestros pueblos. Muy a propósito del 12 de Octubre, "Día de la Resistencia Indígena", este micro recrea poéticamente las apetencias y sinsabores de nuestros hermanos latinoamericanos.
Hermosas letras reviven lo que ha sido la lucha ancestral de las etnias americanas por preservar su cultura, sus tierras, su música, sus lenguas. Estos rostros reflejan la esperanza y los sueños por un mundo mejor: "Soy un pedazo de tierra que vale la pena", "la espina dorsal del planeta es mi cordillera". En verdad, somos Latinoamérica, un continente joven viviendo en este momento días de gloria.
La raíz indígena tiene su impronta en cada país. México, Perú, Bolivia, Ecuador, Guatemala, Paraguay. Norte, Centro, Suramérica. Las cosmogonías y los atavismos nos impregnan. El que lo niegue es un irracional. El siglo XXI despertó en una hora estelar para Bolivia, Ecuador y Venezuela. El primer presidente indígena en América, Evo Morales, contra todos los presagios ultramontanos, ha sido ratificado por su pueblo y se ha creado el Estado plurinacional de Bolivia, para el dolor del imperio.
"Mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima". Y el coro, lo más hermoso: "Tu no puedes comprar el viento, tú no puedes comprar el sol, tu no puedes comprar la lluvia, tu no puedes comprar el calor". Los depredadores imperios pretendieron arrasar con los indígenas, con los negros, con los oprimidos de la tierra. No han podido. No podrán. "Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña", dice la letra.
Los Santacruceños, mestizos que se creen blancos, con su media luna, intentaron dividir el país y sacar a Evo. No pudieron. En el país, la Constitución bolivariana dio todos los derechos a nuestras etnias. Este 12 de Octubre, Elías Jaua entregó tierras a los Yukpas. Mientras, el payaso de Pablo Pérez prometió a los pueblos del Zulia lo que ya la Constitución otorgó. "Tu no puedes comprar mi alegría, tu no puedes comprar mis dolores. Tengo los lagos, tengo los ríos", se reafirma.
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