A eso debemos sumarle que no se consiguen los productos que queremos, y tenemos que ir de lugar en lugar para dar con ellos. Quienes son cabeza de hogar sí que sabrán cuán complicado es.
Pero nada de esto es casual. Las cosas no cuestan más por obra y gracia del Espíritu Santo. Son producto de una cadena de errores que ha venido cometiendo el Gobierno Central. La división del país, la persecución a los empresarios, las expropiaciones que han dejado a muchos sin trabajo, el discurso de la violencia y la delincuencia creciente, son sólo algunos de esos errores. Y, ahora, estamos frente a uno nuevo que nos llevará a profundizar el problema: la Ley de Costos.
Si algo hemos comprobado a lo largo de estos doce años de gobierno, es que una ley no resuelve los problemas más graves que nos aquejan, no va a dejar de haber escasez, los precios no van a dejar de subir porque el Presidente promulgue una ley en el marco de la Habilitante si estas leyes no son justas y no entienden el origen de las cosas, mucho menos. Mientras sigamos persiguiendo y culpando al otro nunca llegaremos a las soluciones.
Sólo trabajando juntos el Gobierno con la empresa privada se puede resolver esto. En un gobierno que tenga como norte el progreso y no la división. Que entienda que el lenguaje de la Unidad pasa por hechos reales y no encuentros casuales con empresarios. Que comience a incorporar a los mejores en las responsabilidades de gobierno y no sólo a quienes adulan y ocultan realidades. Que entienda que el problema es de todos los venezolanos y no sólo buscar el beneficio a sus partidarios.
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