Es necesario detener el armamentismo caprichoso, espantar los fantasmas que surgen de las falsas hipótesis de guerra, y protegernos de las influencias extranjerizantes. Venezuela no debe inmiscuirse en asuntos internos de otros países ni tolerar interferencias foráneas en nuestro país, tal como la ejerce Fidel Castro desde Cuba.
Se deben crear nuevas formas de relaciones entre los militares y la sociedad civil y ubicar a cada fuerza en su respectivo campo. El gobierno de Henrique Capriles Radonski establecerá la plena vigencia del artículo 328 de la Constitución Nacional, el cual define las funciones de la Fuerza Armada y subordina su actuación al poder civil. Se restablecerán los conceptos de Obediencia y Lealtad Institucional.
Se reorganizará y reformulará la institución castrense con componentes profesionales altamente entrenados para responder eficazmente. Asimismo, se eliminará la llamada Milicia Bolivariana como componente militar dependiente del Presidente de la República, y se reconducirá a los integrantes que manifiesten su voluntad de seguir el servicio a los componentes de la reserva. Se revisará integralmente el sistema de previsión social de la Fuerza Armada Nacional con el objeto de fortalecerlo y adecuarlo a las necesidades de los efectivos militares, y se promoverá una Ley de Protección Social de la Familia Militar.
La Fuerza Armada no debe comulgar con líneas políticas o partidistas. La necesitamos con fortaleza moral para encarar también la amenaza de la droga y todo el entramado del narcotráfico, que compite financieramente con la industria petrolera, la banca, la agricultura, el turismo y otras. Necesitamos una Fuerza Armada para proteger nuestra soberanía de las andanzas del terrorismo, ese mal que pone en entredicho la justicia, la paz y la legitimidad de las instituciones.
Alcalde Metropolitano