Padeció cárceles desde muy joven, y acompañó a Rómulo Betancourt en el proceso de consolidación de esa democracia.
Como Jefe del Estado inició el proceso de transformación del país, comenzando por la descentralización. Se eligieron por vez primera gobernadores y alcaldes, se comenzaron a hacer transferencias de competencias, nacionalizó las industrias del hierro y el petróleo, y dio gran apoyo a la juventud, impulsando el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho para la formación de profesionales, así como un conjunto de proyectos que apuntaban al desarrollo de Venezuela.
Pérez contribuyó como nunca a que una nueva generación de venezolanos se abrieran exitosamente paso por la política, tan urgida para entonces de renovación y cambios. El fue un renovador. Puedo decir como testigo de excepción, como gobernador de Caracas que fui, que Carlos Andrés le dio aliento y ánimo al refrescamiento político y le insufló decencia a la lucha interpartidista y a los conflictos de poder en Venezuela, secularmente impregnados de sevicia y destrucción, donde el adversario es un enemigo.
A pesar del bombardeo inclemente de sus añejos y nuevos adversarios y la incomprensión incluso de actores políticos con clara percepción del proceso venezolano, Carlos Andrés Pérez logró fortalecer políticas sociales que lograron mitigar y detener la creciente depauperación y debilitamiento del capital social y de la economía del país. Sus políticas sociales, evaluadas hoy a la distancia de las mezquindades y pasiones que hicieron presa a la política en su momento, fueron las apropiadas y estuvieron en una vertiente que lo distanciaban del recetario neoliberal, como incesantemente se le acusó.
CAP, imbuido en su propio estilo, fue un tesonero. Un incansable. Tercamente demócrata y defensor dramático de la institucionalidad. Puedo afirmar con sobrado orgullo que CAP fue un ciudadano de probado coraje y dignidad política, a prueba de cañones y bombas, detonadas por la traición a la democracia. Murió lejos de la patria, lo que ratifica el drama de la política venezolana, tal como lo eternizara en su poesía Andrés Eloy Blanco: el hijo vil se eterniza adentro, y el hijo grande se le muere afuera.
Alcalde Metropolitano