Es notorio que en las épocas más calamitosas, cuando los grandes problemas personales y sociales parecieran no tener remedio, recrudecen las creencias esotéricas, como en busca de soluciones que no se perciben de inmediato. No obstante, la historia está llena de ejemplos de grandes pensadores y científicos muy importantes, que, al margen de sus ideas y de su sapiencia, cultivan creencias religiosas, que son las ideas esotéricas por excelencia.
Los diccionarios distinguen entre lo religioso y lo propiamente supersticioso. El Drae, por ejemplo, define la superstición como "(…) Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón". Y también, en una segunda acepción, como la "Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo.
Superstición de la ciencia". Parecidamente se expresa el Clave. Diccionario de uso del español actual: "(…) Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón o al entendimiento: Creer que cruzarse con un gato negro trae mala suerte es una superstición (…)". Por su parte, el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, es más explícito en diferenciar lo supersticioso de lo que se supone es la verdadera religión.
Pero a la luz de las propias definiciones de los diccionarios, todas las religiones, en tanto se basan en ideas "contrarias a la razón y el entendimiento", son de por sí supersticiosas, al margen del respeto que se tenga de ellas y de las personas que las profesan, y aun de la admiración que nos inspiren.
Correlativamente, se tiende a considerar supersticiosas sólo las creencias y prácticas esotéricas fuera de las grandes religiones. La idolatría, la buena o la mala suerte, la magia, la brujería, la adivinación, el espiritismo, la santería, el babalao, el culto a figuras supuestamente sobrenaturales, etc., son muestras, algunas sumamente ricas, de superstición.
Superstición deriva del latino superstitio, -onis, que significa "sobrevivir".
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