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Opinión Firmas Alexis Márquez Rodríguez Errores

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ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ | 01/04/2011 08:32:46 p.m.
Errores
La lengua, como lo decía nuestro Andrés Bello hace más de cien años, es como un ser vivo en permanente movimiento. Ello trae aparejados numerosos cambios, que suponen un desarrollo evolutivo del idioma al mismo ritmo de la actividad de las personas.
Es un hecho evidente, y muy positivo, que hoy la gente se preocupa más por el lenguaje que antes. Con frecuencia recibo preguntas y comentarios que así lo demuestran. Cada quien quiere hablar y escribir lo mejor posible, y plantear estas cosas a través de los medios de comunicación despierta en lectores y oyentes un animado interés.

Muchos de los mensajes recibidos reflejan dudas, cuando no el señalamiento preciso de supuestos errores cometidos por quienes se expresan a través de los medios, y en general por las demás personas. Lo curioso es que muchas veces esos "errores" señalados no son tales.

La lengua, como lo decía nuestro Andrés Bello hace más de cien años, es como un ser vivo en permanente movimiento. Ello trae aparejados numerosos cambios, que suponen un desarrollo evolutivo del idioma al mismo ritmo de la actividad de las personas.

Esta actividad cotidiana plantea nuevas necesidades expresivas, que deben ser satisfechas por el lenguaje, para lo cual este tiene que renovarse incesantemente, adaptándose a tales necesidades expresivas.
 
Es esencial que esos cambios lingüísticos se produzcan de manera natural, conservando siempre lo que el mismo Andrés Bello llamó la índole de la lengua, que no es otra que la índole de las personas que la hablan, definida en el Drae como la "Condición e inclinación natural propia de cada persona".

El problema es que los cambios necesarios en la lengua que hablamos muchas veces producen errores, casi siempre porque las personas que actúan como agentes del cambio, es decir, las personas que generan esos cambios, no tienen un verdadero conocimiento de su propio idioma, por lo cual incurren a menudo en tales errores.

Un ejemplo palpable de esto lo tenemos en el uso indiscriminado de expresiones -vocablos o frases- de idiomas extranjeros, usadas en reemplazo de vocablos y frases equivalentes propios del castellano.

No podemos estar radicalmente contra el uso de expresiones extranjeras. A veces son necesarias por no disponer en nuestro idioma de sus equivalentes. Lo condenable es el empleo indiscriminado de esos extranjerismos, muchas veces no sólo por ignorancia del idioma nativo, sino incluso por desprecio de este, por considerar que la expresión extranjera es más chévere.
grealemar@cantv.net

 
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