ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ | 09/04/2011 06:59:24 p.m.
Errores (4)
A propósito de mis artículos sobre el abuso de los extranjerismos en el habla común, una querida amiga y exalumna me envió el siguiente mensaje: "¡Ay profesor! en un tiempo donde (sic) la gente quiere ahorrar hasta en las palabras, es más fácil decir ok o en español oka que decir esta bien o de acuerdo, es una cuestión de practicidad
Igual sucede con chao, porque si uno dice adiós le salen con aquello de no digas así, di hasta luego porque ni que te fueras a morir... y creo que con eso no se le hace daño a nadie... muchos besos para usted y chaoooo, ok?".
Es verdad, el abuso de extranjerismos no le hace mal a nadie, pero sí al idioma, la más importante expresión cultural de un pueblo. Por otra parte, este mensaje tiene una gran significación, como índice de algo muy grave que está ocurriendo en nuestro país. La remitente es persona muy inteligente, culta, de alto nivel de escolaridad, profesional universitaria y fue una excelente alumna. Si con todos esos atributos piensa así, ¿qué podemos esperar de quienes no los tengan?
Esto es una muestra de cómo la educación venezolana está fallando en la formación de una conciencia nacional bien definida, que, entre otras cosas, exhiba un vigoroso sentido de la cultura propia.
Y conste que no me refiero a ese trasnochado concepto nacionalista que algunos cultivan, que empieza por creer que el nuestro es el mejor país del mundo, y nuestra lengua la más bella y admirable, capaz de dar escritores de la talla de Cervantes, Lope de Vega, Calderón, García Lorca, Neruda, Vallejo, Rubén Darío, García Márquez, Fuentes y nuestros Gallegos, Úslar Pietri, Julio y Salvador Garmendia, Gerbasi, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas y tantos más.
Se olvidan, quienes así piensan, de Goethe, Proust, Dante, Petrarca, Dostoievsky, Tolstoy, Joyce, Hemingway, Faulkner, que no escribieron en castellano.
Insisto en que no se trata de condenar todo uso de voces extranjeras. A veces son necesarias, y aun convenientes. Un buen dominio de nuestro idioma, más una auténtica conciencia de su valor como la más importante expresión cultural, nos permitirá saber cuándo es procedente el uso de extranjerismos, y cuándo no es sino una burda imitación de otras lenguas, por ignorancia o desprecio de la propia.