El miércoles, 25 de julio, un grupo de egresados del liceo Cecilio Acosta, de Coro, capital del estado Falcón, celebraron sesenta años de haber egresado de ese liceo. Los organizadores me honraron con una invitación con tal motivo. En esa ciudad, en ese liceo y con esos alumnos inicié mi carrera docente, recién egresado del viejo y memorable Instituto Pedagógico Nacional, en 1950.
Fue una celebración muy sobria. Una misa en la Catedral, oficiada por el insigne arzobispo de Coro, monseñor Roberto Lückert, quien con su verbo característico amenizó el sagrado ritual en un hermoso sermón en que exaltó la función docente; un emotivo reencuentro en el recinto del liceo Cecilio Acosta, y finalmente una cena en extremo cordial y afectuosa.
No en balde han pasado más de sesenta años. El liceo Cecilio Acosta era entonces un pequeño plantel de enseñanza, con sólo nueve secciones, de las cuales la única de 4º año -hasta ahí llegaban los estudios- tenía apenas catorce alumnos. Sin embargo, tenía ya un excelente edificio, de aquellos construidos bajo el gobierno del general Isaías Medina Angarita, cuyo ministro de Educación era el Dr. Rafael Vegas, y que siguen siendo las mejores construcciones escolares que hay en todo el país.
Hoy el Cecilio Acosta, bajo la entusiasta y competente dirección de la licenciada Marisela de Morocoima, tiene treinta y siete secciones y 1.120 alumnos. El edificio sede ha sido ampliado años atrás, aunque es de lamentar que desde entonces no se ha hecho nada por mantenerlo, y hoy presenta importantes deterioros que reclaman una eficiente reparación. Otras notables necesidades se refieren al fondo bibliográfico de su biblioteca y a la dotación de implementos deportivos.
No hace falta decir que volver a Coro después de tantos años fue para mí particularmente grato. Fui, además, acompañado por Mercedes, también exalumna del Cecilio Acosta, y quien fue su reina. Apenas trabajé en sus aulas sólo un año, pero tengo la inmensa satisfacción de que al cabo de seis décadas los alumnos de entonces guardan de mí un grato recuerdo. Por eso agradezco especialmente la invitación, y quiero hacerlo en particular en la persona del ingeniero Marcos Chirinos, coordinador de los actos celebratorios.
Periodista / Educador