No son los únicos, sino los más usuales. Otros "comodines" que usamos en Venezuela con alguna frecuencia son "cachivache", "cacharro", "cacharra", "trasto", "trebejo", "bártulos", "bicho", "bicha", "macundos", "macundales", "tereque", "pereque", "perendengue", "chécheres", "lavativa", "varilla", "coso", "jeringa", "magaya", "periquera", "mariquera"… Algunos de estos son de uso regional o local. Además, muchos de los "comodines" de que he hablado no son de uso exclusivo venezolano y se emplean en otros países hispanoamericanos, incluso en España.
Muchos de estos "comodines", según ya vimos, generan derivados. Algunos son, en este aspecto, realmente fecundos, como "bicho", que además de la forma femenina, "bicha", da origen a derivados como "bicharaco", "bicharango", "bicharanga", "bichurango", tal como lo registra el profesor Rosenblat en sus Buenas y malas palabras.
La formación y uso de los "comodines" es una manifestación muy elocuente del dinamismo de la lengua. Los idiomas, en general, son muy creativos, pero hay algunos que son más creativos que otros. El nuestro, quizás por su gran extensión geográfica, posee en ese sentido una gran fuerza y variedad. En lo cual también influye de manera determinante su carácter mestizo, y sobre todo el tipo de su mestizaje. El castellano, en efecto, es uno de los idiomas que mayor número de influencias recibe, pues a las remotas raíces celtas e íberas deben sumarse las latinas, más las de las lenguas de los distintos pueblos que pasaron por la Península Ibérica o se quedaron en ella (árabes, judíos, germanos, godos, visigodos, etc.), las lenguas africanas y, por si fuera poco, las de los pueblos indígenas de América.
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