Es decir, que es un sistema opuesto incluso a la noción de perdurabilidad de los bienes que él mismo genera mediante la explotación de la fuerza laboral, lo que le obliga a exaltar el despilfarro como norma para su expansión y para el aseguramiento de su modo de control metabólico social.
En el capitalismo el futuro es un muy impreciso espacio de tiempo, que excede infinitamente los parámetros de la lógica de la acumulación de riqueza en el menor lapso posible, y de allí su naturaleza ahistórica y su vocación negadora del pasado.
La reexaminación de los sucesos de abril de 2002, en los cuales estuvieron incursos como actores principalísimos quienes hoy pretenden presentarse a la sociedad venezolana como porta estandartes de la concordia y la unidad nacional, resulta entonces para ellos más que comprometedora profundamente inaceptable, dada su condición neoliberal a carta cabal.
Jamás le importarán, como lo vimos esta semana en la Asamblea Nacional, ni el asalto a la democracia, ni los muertos, ni las cuantiosísimas pérdidas materiales y de recursos, que sus actos golpistas generaron en esa fecha.
Lo importante para ellos, como defensores a ultranza del modelo del capital y del libre mercado, es la salvaguarda del sistema en el cual el ser humano no es actor determinante sino simple instrumento del complejo mecanismo de producción y acumulación de riqueza.
Por eso para el pueblo la revisión incansable de toda esa documentación audiovisual e impresa que hoy releemos con tanto dolor, tanta indignación y tanta rabia contenida, es y será para siempre una tarea impostergable.
En la memoria imborrable que los venezolanos tengamos de los verdaderos rostros de la falsedad y del fascismo, tanto criollo como extranjero, está el aseguramiento del triunfo arrollador que alcanzará sin dudas el comandante Chávez sobre la infamia el próximo siete de octubre y la perdurabilidad misma del socialismo.
@SoyAranguibel